Ante el fenómeno Gran Hermano
se propone ir más allá de lo que se ve a simple vista. Del encierro y de la exposición extrema de sus participantes. Ahondar en sus características psicológicas y contar qué hay detrás de las actividades cotidianas vividas a la vista de millones de personas.
Este texto no supone un análisis psicológico académico ni tradicional sino que es presentado como una suerte de exploración de posibles estrategias y de actos inconscientes dentro del contexto de un juego televisivo.
Día a día en
un completo informe con lo que se sabe y lo que no de cada participante. Las hipótesis sobre sus diferentes personalidades, sus conflictos internos y sus estrategias para ganar el juego.
Hoy: Agustín Belforte
Quien es
Tiene 28 años. Es ingeniero y trabaja en una maderera. Es de la ciudad Rosario. Estuvo con Claudia Ciardone en la primera semana hasta que fue expulsada. Es uno de los que suele hablar mucho de los otros participantes, sobre todo antes de las nominaciones. Fue acusado de conspirar para lograr que Damián dejara la casa.
Perfil
La frase con que se puede describir a Agustín es “divide y reinarás”. Para él, en medio del caos, se puede ganar. Es que a partir de allí pasa a ocupar un lugar central como una suerte de mediador improvisado que, a la vez, es el motor de la discordia.
A pesar de que se muestra seguro, Agustín dista mucho de serlo. De hecho es justamente por esta inseguridad que necesita estar criticando a otras personas casi compulsivamente. Esto tiene que ver con que él prefiere no hablar de sí mismo y evitar en todo momento autocriticarse.
Hace activar al resto, los pone en un lugar de “compinche” para legitimar su discurso contrario y denigratorio hacia ciertos personajes del juego. Es como el “ventrílocuo”, hace hablar a los otros.
Busca ser simpático, ganador. Sabe qué aspectos criticar para que el otro, su interlocutor de turno, esté contento con su comentario. Ocupa un lugar en el mundo diciéndole al otro lo qué quiere escuchar. Hay algo de placer morboso en este mecanismo.
Además, todo este movimiento hace activar al resto, los pone en un lugar de “compinches” para legitimar su discurso contrario y denigratorio hacia ciertos personajes del juego. Es como un “ventrílocuo” que hace hablar a los otros.
De todas maneras tampoco hay que descartar que esta actitud sea también una suerte de entretenimiento para Agustín, en una casa en la que el aburrimiento es un factor común.
La doble cara
Por otro lado, es un estratega nato. Esto lo llena de energía. Pero también le permite desarrollar su costado racional. A diferencia de la mayoría de los integrantes de la casa, Agustín es universitario, se recibió de ingeniero, y esto lo eleva notablemente sobre el paupérrimo nivel intelectual general de la casa.
Puede ser que, debido a su inteligencia, mida mejor las palabras que utiliza, esté más atento al juego, a cómo moverse, a cómo se verá desde afuera. Él tiene más claro el funcionamiento del programa y el tipo de relaciones que se dan en él.
Es posible, en este contexto, que mantenga una doble cara. Puede que sea una persona que no se hace cargo de las cosas que hace, de la manipulación que es capaz de ejercer.
Es posible, en este contexto, que mantenga una doble cara. Puede ser que sea una persona que no se hace cargo de las cosas que hace, de la manipulación que es capaz de ejercer.
El caso de la expulsión de Damián nos muestra que es un conspirador de alma, y que juega en todo momento. Cuando el rubio salió de la casa, Agustín lo despidió como si no hubiese tenido nada que ver, aunque había participado activamente de su nominación. Ese mismo día alguien del público le grito desde fuera de la casa que era un traidor y él no acusó recibo.
Días después fue al confesionario y dijo que él jamás había hablado mal de Damián y que estaba preocupado por cómo se había visto desde afuera el tema. Toda una definición para mentir y manipular. A confesión de partes, relevo de pruebas: estaba más pendiente de los televidentes que de sus supuestos amigos del juego.
El adolescente que no se termina
Por otro lado, a sus 28 años, es claramente un adolescente tardío que por momentos tiene actitudes de adulto y por momentos de niño. Ser uno de los más grandes de la casa le da un background y una cantidad de vivencias que otros no pueden evidenciar.
Se mueve con facilidad por las aguas turbias de la conspiración y del tejido estratégico de acuerdos.
Esto le da un “plus” que aparentemente sabe aprovechar, hasta aquí, al máximo. Esto no quita que tenga otro tipo de actitudes más cercanas a un chico en etapa secundaria. En este sentido, hay una contradicción que aún no se ha resuelto en el seno de su personalidad.
Una estrategia evidente: dividir y reinar
Agustín es uno de los participantes que genera disputas y peleas escondiendo la mano. La frase que define su estrategia en la casa es “divide y reinarás”. A partir de esta consigna, se mueve con facilidad por las aguas turbias de la conspiración y del tejido estratégico de acuerdos.
De alguna manera su personalidad tiene que ver con querer controlar los sentimientos del otro. Podríamos definir esta característica como una “manipulación de alianzas”. Nada despreciable para ganar el juego, pero alejado del mítico San Agustín.
Beatriz Goldberg
Lic. en Psicología.
Especialista en crisis individual.
[Informe: Ezequiel Spillman]