LÁGRIMAS DE COCODRILO

Actualmente, se está empezando a manipular digitalmente, no sólo la apariencia física de los actores, sino también su forma de actuar.
Esto causó una gran polémica y ya hay actores que ponen en sus contratos que no se les permita a los estudios este tipo de trucos.

Alguna superestrellas no tienen todos los dotes actorales que posee Robert De Niro o Jean Reno. Pero a no preocuparse, eso ya no es un problema mayor. Los estudios no sólo ahora usan los efectos especiales para explosiones y hacerte parecer que una nave realmente está en el espacio, ahora también pueden hacer llorar a los actores.

 

Según escribe Ben Hoyle en Timesonline, los grandes estudios cada vez usan más los efectos visuales para retocar tecnológicamente aquellas interpretaciones que necesitan mejorarse. Y ponen un ejemplo: en Diamantes de Sangre, la última película de Leonardo Di Caprio, hay un primer plano de Jennifer Connelly, la segunda protagonista, hablando por teléfono. En el plano siguiente, el cual fue manipulado digitalmente, a la actriz se le resbala por la mejilla una lágrima virtual.

 

Hasta el día de la fecha la tecnología de última generación se usaba para reducir algunos rollitos, o hacer perfectas las orejas de algún actor pero ¿hasta qué punto es lícito manipular tecnológicamente la interpretación de los actores? ¿Podría una actuación que ha sido mejorada durante la postproducción optar, por ejemplo, a un Oscar?

 

Algunos técnicos se sienten mal con la manipulación digital a la que les obligan los grandes estudios. Sienten que están contribuyendo a realizar un fraude. Sin embargo, no tienen reparos en contar, en privado, lo fácilmente que pueden convertir una actuación desastrosa en un gesto completamente sensual. El motivo que alegan los técnicos para justificar su trabajo es que a ellos les pagan los estudios, no los actores.

 

Lógicamente, para un estudio es mucho más barato invertir algo de dinero en mejorar una actuación o una apariencia física que volver a rodar una secuencia completa que no quedó bien.

 

Otra de las implicaciones de esta nueva tendencia es que algunos actores, como Tom Cruise, están empezando a incluir en sus contratos cláusulas para regular esta manipulación, o por lo menos para limitarla a mejorar la apariencia física, pero nunca el tono interpretativo.

Miércoles 28 de Febrero de 2007 00:00


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