Las chicas Bush, mellizas y muy distintas

Barbara, la hija asaltada en Buenos Aires, es reservada y no le gusta la política.
Su hermana Jenna, todo lo contrario.
La vida de las hijas del hombre más poderoso del mundo.

Barbara, una de las hijas mellizas del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, está de paso por Buenos Aires. Aparentemente, según trascendidos, la chica está en medio de un viaje de estudios de dos semanas. Pero su presencia en el país no fue advertida hasta que un criollo cazador le dio la cálida bienvenida en un bar de San Telmo.

 

La chica tomaba algo en un bar frente a la Plaza Dorrego cuando un muchacho “manos largas”, que recién ahora se debe haber madrugado con la noticia de que le robó a la hija del hombre más poderoso del mundo, le arrebató la cartera y el celular.


La custodia oficial de la familia Bush no intervino para no levantar la voz de que Barbarita, de 24 años, estaba en Buenos Aires.


Barbara y Jenna Bush, las mellizas del matrimonio de George y Laura Welch, con quien se casó en 1977, nacieron en 1981. No son mediáticas ni tienen grandes apariciones en los medios de comunicación. Pero algunas situaciones que en cualquier joven no provocarían ni la más mínima sorpresa, en ellas causa estupor.

Alguna vez las chicas intentaron comprar alcohol con una identificación falsa cuando tenían menos de 21 años. Y Jenna, fue descubierta sacándose sus prendas más íntimas  en una playa y a plena luz del día.

Jenna y Barbara son bien diferentes. Barbara es más bonita que Jenna, y con mejores curvas. Pero no sólo son distintas en lo físico sino también en actitud. Jenna es la confrontadora, con carácter fuerte y con mayor interés en la política. Es quien sigue la carrera de su padre y quien sufre cada vez que a George Bush lo llaman “terrorista”, entre otras cosas.

 

Todo lo contrario es Barbara, una chica sensible y tímida, reservada, quien no se preocupa mucho por el mundo de su padre, a menos que él le pida alguna intervención pública, como sucedió en las últimas elecciones presidenciales, donde tanto Jenna como Barbara dijeron algunas palabras.


Pero no hubo mayores conflictos ni apariciones públicas. De quien más se sabe es de Jenna; en octubre pasado estuvo una semana en Asunción, Paraguay, donde participó como pasante de un programa para jóvenes profesionales de Unicef. Barbara, en cambio, prefiere el anonimato y una vida menos comprometida con la política. Tanto le gusta el ocultamiento, que en Plaza Dorrego nadie notó que la víctima de un acto de argentinidad era nada más ni nada menos que una de las hijas de Geroge W. Bush.

Miércoles 22 de Noviembre de 2006 07:58



 
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