Uno
Esperamos tu comentario ![]() Nada parecía extraño aquella mañana. Todo el hospital estaba en penumbras, los internos no se habían levantado a desayunar. En la oficina de los enfermeros consulté las últimas novedades. La noche había sido tranquila, ningún paciente se había levantado a deambular, y no se había producido ningún inconveniente. Llegué a mi oficina y recibí los informes que tenía que completar y elevar a la dirección. Lo imprevisto se presentó en la forma de un interno con un hierro de gran dimensión en su mano derecha y una "faca" en su siniestra. No pude atinar a nada. Saltó el escritorio y me golpeó en pleno rostro. La sangre me manchó el guardapolvo y no pensé en nada. ¿Te acordás de esa pequeña mentira que se convirtió en lunar? Me dijo, mientras el hierro del "fusil" se apoyaba en mi sien. Un segundo y tal vez llegaría alguien y me salvaría. ¿Y del pañuelo que me regalaste antes de ir hacia el frío y el dolor? ¡Decime que no sos vos y que esta casa no es la nuestra, dale anímate! El caño se clava más en mi sien y la frente sangra contra la pared. ¿No podías esperarme para volver de la segura muerte? No puedo aguantar más, a este paso me voy a desmayar...un golpe sordo, ruidos de corridas, ¿será posible que lleguen?. ¿Ahora también vienen los gurkas a defenderte?, ¡vamos Argentina carajo! La puerta se abre de un tirón. Un guardia de seguridad tiene su arma en la mano. Esto no debería ser así. ¡Muerte a los piratas, vivan las Malvinas! La bala pega contra la pared y el estampido me atonta. Me desmayo. Cuando vuelvo en si estoy apoyado contra la pared y a mi lado yace un soldado al que se le desprende de una mano una medalla. Una medalla ensangrentada en una mano muerta hace tiempo.
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