La dignidad a la basura

Cuando la ficción se filtra en la realidad, pasan cosas como ésta...
Por Santiago López.

La mañana del miércoles 26 de setiembre, las veredas de la calle conurbana de Beltrán en Remedios de Escalada amanecieron alfombradas de basura. Beltrán es la calle donde  se ubica el centro comercial de Escalada. Son cinco cuadras en las que casi se puede encontrar de todo, y no mas que eso.


Y, como digo, esa mañana toda las sobras de todas las vidrieras estaban desparramadas en la vereda.
Los desperdicios de la verdulería; las cajas vacías y sucias del supermercado; los papeles y restos de comidas del quiosco; las colillas de cigarrillos del ciber café; las bolsas de nylon de la tienda; los cajones de la pollería; las servilletas usadas del bar; los papelitos de la remisería; las pelusas de la inmobiliaria; los restos de tiza del colegio privado; la grasa y los huesos de la carnicería; hasta cajas de
rollos vacías de la casa fotográfica. Toda la mugre descartable amaneció fuera de las bolsas rotas caídas de los canastos.


Las veredas despertaron embaldozadas de basura.

Mucha fue la bronca y ofuscación de todos los comerciantes cuando a las ocho de la mañana, en punto, llegaron cada uno para levantar su persiana. El rutinario trabajo del día anterior de sacar la basura estaba desparramado por donde se mirara. Los ocasionales transeuntes (cada uno rumbo a la estación del tren) caminaban esquivando mugre.

El camión de la basura hizo su recorrido habitual, pero, claro, no se llevó ninguna bolsa porque no había quedado ninguna bolsa sin ser destripada.


Un sucio comienzo de mañana de Miércoles.
 
Nunca nadie supo de dónde llegó Alberto; pero su aparición fue como un milagro. Casi inadvertida su figura desgarbada, sus ropas sucias y viejas, su piel curtida por varias insolaciones, y sus ojos famélicos no fue impedimento para que nadie se negara a su ofrecimiento: “por lo que usté quiera darme, yo le junto la basura”. Así se presentaba.

Primero fueron los negocios cercanos a la avenida Pavón; luego, los locales de la cuadra del fondo; y así, para media mañana, todos los comerciantes sabían que un muchacho se ofrecía para juntar la basura desparramada.


“Por lo que usté quiera darme”.

Fue juntando los desperdicios en bolsas de consorcio que se cobró al limpiar la vereda de la casa de artículos de limpieza y ferretería. Usaba como escoba y pala sus propias manos. Cuando le llegó el turno a la vereda del polirrubro, se procuró un pequeño cartón de una desarmada caja de alfajores para arrastrar la basura y poder trabajar mejor.


No eran las doce del mediodía cuando Alberto había terminado de limpiar la ensuciada calle Beltrán. Amontonó las bolsas en las esquinas y montó guardia un largo rato para que los perros no las destrozaran.


Luego, se marchó. En silencio fantasmal, tal como había aparecido.
 
Yo me lo crucé en la última cuadra del fondo, y me preguntó si tenía un cigarrillo para convidarle. Sí, tenía.


Comenzó a hablarme como si nos conociéramos, pero después supe que su facilidad de palabra se debía a que necesitaba contárselo a alguien. Y me lo contó a mí.


Me contó que se llamaba Alberto; que tenía 23 años (aunque yo le hubiera dado unos diez más); que tenía una nena de cinco que hacía cinco que no veía porque quedó allá, en Corrientes, cuando él se vino a la ciudad a buscar algo de trabajo. Me contó que se había ofrecido –como en tantos otros lugares- en cada uno de los negocios de la calle Beltrán, pero nadie le había dado la oportunidad. A él le daba lo mismo aprender a amasar en la fábrica de pastas, como a descargar cajones en la
verdulería, o acomodar bultos en el depósito del supermercado. No le importaba en
qué rubro, él quería trabajar.


Como en todos lados la respuesta era siempre la misma, se le ocurrió aquello de la basura. Me dijo que había llegado a eso de las cuatro de la mañana, desde el andén de la estación, y meticulosamente había roto todas las bolsas desparramando la basura de un modo casi artesanal. El resto, era esperar.
Me confió que no estaba seguro de que su plan resultara; podía pasar que todos se negaran a su ofrecimiento: si lo habían hecho una vez…, ¿por qué no iban a hacerlo ahora?. Pero sí había funcionado: Había juntado en total 14 pesos, un paquete de galletitas, una botella de Coca y un cigarrillo.


El cigarrillo era el mío; que se lo fue fumando mientras caminaba, y se lo tragaba la ciudad.
 
Por Santiago López



Comentarios (7)
Fermín L (anónimo) - 20-01-2008 01:53
Claro! Esta es la versión oficial de la historia...

...pero qué tal si Don Alberto era el que rompía las bolsas y hacia toda esa suciedad para despues cobrar por acomodarlo todo!?

No lo estoy acusando, sólo digo que hay que buscar al culpable de la rotura de las bolsas y del desorden de basura desperdigada. Y él sería el principal sospechoso.

Linda nota!

Carlos (anónimo) - 16-10-2007 05:43
Todo muy lindo, muy tierno pero...
Se sacan los residuos a las 20 hs. + ó -, la recoleccion normalmente es entre esa hora y las 00 hs. A las 4 de la mañana todavia no habian pasado los recolectores.
¿A que hora lo hacen en ese partido?.
Cinco cuadras rompiendo bolsas de residuos y nadie lo vio, siendo la calle principal.
Mmmmmmmmm.

la dudu (anónimo) - 13-10-2007 19:28
esto sucede porque los ricos son cada vez mas ricos!(sin importarles como siempre los pobres..)gracias a las malas politicas de los gobiernos que pasaron y que pasaran!(ellos,nos buscan solamente para las elecciones,y luego desaparecen,hasta volver en 4años,y asi sucesivamente..)y nosotros el resto de los argentinos sobrevivimos....la solucion es simple,educacion,salud,ejemplo,que abran fabricas..(todo al reves de lo que ocurre aca,lamentablemente)!

esmabil (anónimo) - 13-10-2007 12:46
dicen que la desesperaciòn te lleva a enriquecer la imaginaciòn ... bien por Alberto .... bien por quien le dio el cigarrillo , bien por santiago ... no huyamos de quienes necesitan nuestro oìdo , la vida es un contìnuo aprendizaje , de Alberto tambièn aprendimos , ojalà Dios le de lo que necesita .... suerte !!!!

barby (anónimo) - 12-10-2007 17:25
NO SE SI SERA VERDAD LA HISTORIA Q T CONTO ALBERTO XQ UNO YA DESONFIA HASTA DE LA PROPIA SOMBRA PERO SI ES ASI POBREQ FEO DEBE SER SENTIRSE RECHAZADO EN TODOS LADOS..
ALBERTO SE Q NO VAS A LEER ESTO PERO FUERZA!!!

Yok (anónimo) - 12-10-2007 10:12
Te creo 100%.
Porque si hay algo que nos sobra son ideas (buenas y malas).

Guillermo (anónimo) - 11-10-2007 18:03
Si si, fué así, yo lo vi.
Saludos.

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