Los buenos amigos estarán allí como estaban antes de ese día, los hijos con ganas de estar con sus padres, seguirán estando con ellos, los abuelos con mimos para sus nietos esperaran la hora de verlos con la mismas ganas de siempre y así todos los que tuvieron sus días seguirán con sus vidas.
Los comerciantes en cambio, contarán sus cajas y decidirán si para el próximo año empiezan las ofertas un par de días antes o si repiten su campaña ¿Cuándo aprenderemos? Digo, todos los años, para el día del padre crece la oferta de televisores, camisas, celulares, y cuanto objeto se les ocurra a los señores comerciantes poner a disposición de nuestros progenitores, igual al día de la madre cuando pareciera que es la última oportunidad para hacerse de una licuadora, una planchita para el pelo o bien cambiar el viejo celular, y porque no, hacerse un viajecito o pasar un día en un lindo spa.
No nos servirán la propia experiencia de haber comprado una de esas ofertas y una semana más tarde, pasado el furor del amor al padre, madre, hijo, abuelo, amigo etc. ver ante nuestros ojos el mismo objeto un 50 por ciento más barato.
En fin, los “días de…”, definitivamente, no son mis días favoritos. Los celulares tardan siglos en conectarse, las redes están bloqueadas y los bares y restaurants repletos. Por eso yo prefiero festejar cuando mi corazón pide festejos. Prefiero ir a darle un beso a mi madre todos los días, escuchar a mi padre cuantas veces el lo necesite, hablar con mis amigos todas las veces que sea necesario y respetar a los abuelos todos los días de mi vida.
Ellos y yo sabemos que así funcionan las cosas, no cuando alguien dice que hay que besarse y regalar. Como siempre, y siendo fiel a mi estilo de vida, voy en contra de todos, pero te propongo que solo una vez lo intentes, veras que fácil y placentero es, y cuantas cosas se pueden cambiar.
Por Alicia Satini