No debo explicar mi decepción cuando me percaté que la oferta de calabazas consistía en un set plástico de una cosa horrible que intentaba ser un disfraz para la “noche de brujas”. Todavía no había salido de mi asombro, cuando escuche a una, niña llorando por su disfraz. Entonces me conmoví pensando en esa niña que sufría por algo que no le pertenece ni de casualidad y ahí me di cuenta que lo mío en ese momento no era asombro, ni decepción, sino que era una gran bronca. Le pregunté a la nena por qué quería disfrazarse, y entre lágrimas y sollozos me contestó irritada
PORQUE ES NOCHE DE BRUJAS. Claro para sus 70 cm. de alto era mucho que su madre no accediera a su pedido de compra y encima, una extraña le hiciera preguntas molestas. Entonces la extraña le preguntó: ¿y qué es la noche de brujas? La nena me apuntó con sus ojos llorosos y me dijo, ¡EL DÍA QUE NOS DISFRAZAMOS DE ESTO!, al tiempo que señalaba con su índice al horrible disfraz en oferta. Cual Adán en el día de la madre seguí mi camino rumbo a alguna góndola donde encontrar algo que me inspirara para la cena, pero me quedé pensando si era necesario el sufrimiento de esa criatura a la que finalmente la madre no le compró el disfraz y que luego vi pasar tomándose un yogurth bebible mucho más tranquila.
La noche de brujas, más conocida como Halloween, es una fiesta pagana celta que tiene aproximadamente unos 3000 años de antigüedad. Este festejo que fue robado a los celtas por los romanos y “sutilmente” modificada por los cristianos, llegó al continente americano con la hambruna y la esperanza de los irlandeses que migraron hacia un futuro mejor. Casualmente estos fueron a buscar su futuro a la parte norte de nuestro continente, donde, dicho sea de paso, también les modificaron su celebración. Entonces, ¿qué es lo que dejamos a nuestros niños festejar hoy? ¿Qué es lo que tantos jóvenes festejan en los bares el 31 de Octubre? Nadie sabe, pero como se trata de consumir lo hacen. ¿Será que el truco es hacerte sentir culpable como padre por no comprar el disfraz para tu hijo? ¿Será que la recompensa es que pierdas un poquito mas de identidad y sigas siendo parte de un sistema al que no perteneces? No lo sé. No lo saben los que consumen este tipo de cosas tampoco, según pude averiguar lo hacen solo porque no quieren ver llorar a sus niños. Esta bien, no hay que hacer sufrir a los niños, por eso, imagino que todos esos padres tienen sus impuestos al día, y jamás pasan un semáforo en rojo (asegurarse de que uno siempre podrá estar a su lado es una forma de que los niños no sufran).
Seguí mi camino en el súper, pensando en que no es justo, en que deberíamos negarnos a consumir este tipo de basura importada, y me acordé que también festejamos San Valentín y San Patricio, nada más alejado a nuestras costumbres y sentí que me ahogaba. Compré para hacer un puchero, sin calabaza por supuesto, pero no por la noche de brujas sino por el precio. Cuando llegué a casa mi marido me preguntó:
-¿Cómo te fue hoy?
Repasé mi día y obviando el tema del tren que no funcionaba, el colectivo que no me devolvió las monedas, el cajero automático que no tenía plata, mas las preguntas que me quedaron sin respuesta cuando salí del supermercado, sonreí y le dije:
-¡Bien! , pero me voy a tirar un ratito a leer antes de cocinar.
Así, agarré mi viejo Martin Fierro y me recosté esperando que algún día nos despertemos de este sueño de un mundo globalizado para arrancar por fin como un país en serio.
Por Alicia Satini