"Mariel esta grave… tuvo un accidente: avisale a Cristina por favor". Fueron las
palabras de un familiar que impensada y gratuitamente emanaron del teléfono. Mariel,
mi cuñada, la mujer que apareció en mi vida hace 25 años, peleaba con la muerte.
Por aquellos años, llegó a mi vida "acompañada" con mi novia y actual esposa, Cristina, como su hermana 2 años mayor. Se me vino a la memoria el día que nos
presentaron y mis pensamientos se amontonaban culpógenos, entre la sensación de verla como una familiar o una perfecta amante. ¡Cuantos momentos! ¡Cuantas miradas cruzadas!
Cuantas noches sin dormir haciendo la "logística" de como le diría que la deseo
fervientemente y tratando de "balancear" si el posible éxito de mi gestión se condecía con el tremendo caos que ocasionaría un fracaso de la misma. Los veranos, las reuniones, algunos temas bailados: su perfume, sus frases que "demostraban pero
no decían".
Yo sabia que en algún momento se lo diría : cada vez que nos veíamos era como una señal de que pronto pasaría. Tanta pasión no se podría disimular. Al llegar a la Clínica, una palabra terminó de tumbarme: "murió" me dijo Joaquín, su esposo, saturado por un llanto que jamás había visto en su rostro. En medio de lamentos, gritos y lagrimas, sacó de su bolsillo un sobre, blanco, arrugado y me dijo: "esto me lo dio para vos". En ese momento llegaron otras personas, entre las que estaba Cristina, mi mujer, y Joaquín fue llevado por esa "ola de consuelo", entre alaridos desgarradores y llanto incesante, hacia una habitación contigüa. Abrumado, confundido, abatido por lo sucedido... la enorme curiosidad por ver el contenido del sobre, se adueñó de mí: fui al baño y en un reservado, lo abrí:
"Sueño que tus manos me desnudan lentamente, sobrenadando mis senos y caderas,
y que tus dedos diligentes se deslizan entre botones, lazos y cierres.
Que tus ojos me miran y abren mi blusa, y descuelgan mis pechos prisioneros.
Mi deseo soñado nada te rehusará, y ellos son del deseo mensajeros.
Se abren a ti como dos rosas tiernas, esperando tu lengua en mis pezones y percibo temblores en mis piernas y un aire abrasador en los pulmones.
No hay en mi sueño ambigüedades, va a ti sin desvergüenza o timidez, y aunque con tinte de frivolidades, parecerá mi primera vez.
Sueño que besas con humedad mi boca hambrienta, y que ambas lenguas juegan en contacto.
No hay nada a lo que no consienta: mía es la voluntad, tuyo es el acto.
En la espalda hay insólitos caminos que mi mano jamás a transitado, y de tus dedos brotan remolinos erizando la piel de mi costado.
Sueño que en breve y delicada sacudida, mis hombros de la blusa se desprenden: estoy semidesnuda, enardecida, y alzo los brazos, que hacia ti se extienden.
Te detienes brevemente en la cintura, me rodeas en caricias circulares y vas explorando mi arquitectura, con paso franco a todos mis lugares.
Cae mi pollera a los pies... al fin desnuda... que libertad e independencia siento.
No queda en mi vacilación ni duda, solo serenidad y atrevimiento.
Están mis ojos en tus ojos fijos, y tus manos me arropan insistentes; suaves contactos causan regocijos, lentas fricciones llegan más frecuentes.
Aproximate más, cúbreme entera, encadename a tu todo, y abre mi rosa.
Dame un beso total, de tal manera que resulte en función voluptuosa.
Quedate parado y recibe el doble abrazo, y cuando rodee tu cuerpo con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo... anegando mis cámaras internas.
El ímpetu, el gemido y los sudores me dicen que soy tuya… que eres mío... al fin.
Espero Marcelo, que al leer esto, te des cuenta que no puedo esconder más lo que siento. Me pareció la forma más reservada para que sepas: no te pido que tu pasión sea la misma... me conformo con saber... que lo sabés".
MARIEL
Todavía guardo esa carta, una foto "robada" y el enorme peso de una PASION TRUNCADA.
Por Marcelo Talamazzi