Si obsevamos el almanaque o la agenda, indefectiblemente estaremos ante la presencia de algo que nos indica que una etapa llega a su fin. Un período, simbólicamente estipulado, como cierre de un tiempo. Ante ese "parate" solemos aplicar la contabilidad de doble entrada: el debe y el haber, lo que quisimos y lo que, en definitiva, obtuvimos.
Pero..¿que son el Debe y el Haber en nuestras vidas?
Todo varia con el tiempo, lo que ayer pusimos en la columna del haber puede mudar a la del debe (en el amor, que es el tema que me "ocupa y preocupa", el ansiado enlace devenido en separacion o divorcio es un gran ejemplo). Y es que la vida de una persona tiene tres columnas: lo que quiso ser, lo que creyó ser, y lo que definitivamente es.
Esta contabilidad de triple entrada, este trabajo de contruir o recontruir nuestra vida - hacia atras o hacia delante pues la contruccion implica pasado y presente -no es algo de fin de año, debería ser algo de TODO EL AÑO-. Si nos pasamos la vida mirando hacia otro lado, haciendo el "yo no fui arquitecto de mi propio destino, nada tengo que ver con lo que me pasa", el balance será negativo.
Nos engañamos si pretendemos ignorar los quebrantos. Si perdimos a seres amados, esas perdidas pasan a habitarnos, no podemos desecharlas. Lo más conveniente es incorporarlas como el necesario homenaje ofrecido a la memoria, de nuestros muertos, viajeros, enemistades (amistades añoradas) o de nuestro amor de siempre... ese que quizás, nos acompañaba el año pasado por estas horas. Solamente asi, creo, podremos continuar.
Esto explica que, en estos tiempos de fin de año, nos pongamos, quizás, muy sensibles. ¿Por qué no? No podemos negarnos a esa sensibilidad. Tampoco podemos disimularla con una falsa alegría o escudarnos en un frenético baile o lo peor: un amor ficticio a quien estamos estafando y en el que nos escudamos. Lo incorrecto es negar todo balance y correr a consumir chucherías, chamanes y todo lo que pretenda ahogar ese balance de tres columnas. Debemos saber que luego de engolosinarnos, seguramente la tristeza será mayor. Es un escapismo y como tal, todo "retorno" a la realidad es muy cruento.
Ser firmes en nuestras convicciones, al compromiso responsable con nuestros deseos, estar propensos al cambio, ser autocriticos, permitirnos la memoria de nuestras perdidas, nos llevará siempre al mejor final y aun mejor, a un buen inicio de año.
En una de esas no serán "felices fiestas", pero si "reales fiestas".
Por Marcelo Talamazzzi