MIS TEXTOSVibro por lo obvioY un día el sol bajó, turbado y escéptico demandando a rayo partido dadores de neón, y obviamente, de cualquier grupo y factor. Fue la misma jornada que el cuarzo navegó, sin módem, por cielos, brasas y fronteras, para reclamar la luz de energía en sachet, pues ya no acompañaba el ritmo del tiempo.
Aquel día el agua lloró lo que le quedaba, solo lograba humedecer pero sin refrescar, ni atemperar su temblor entre las piedras.
Un pétalo color perla y su gota de iridio huyeron del tibio jardín de las orquídeas.
Un pétalo color perla, volátil y temeroso, confundiendo una escuálida gota de iridio con la lágrima de quien sabe que, o quien...
El pétalo hizo crisis chocando con el sol, el iridio se transformó en neón y regresó. Fue andador del cuarzo, y la brisa virgen que le donaba el agua, luego de tanto sol.
El jardín de orquídeas, ahora en sollozos, por aquel dorado pétalo egoísta y ausente descubre el vozarrón de un sujeto hidalgo, pelilargo, presente y locuaz que vocifera: Solo es un pétalo, imagina la flor entera.
El sujeto comparte ausencia con el jardín, el pétalo distribuye iridio en los cielos, pero en esta ocasión con mascara de rocío, amparando a la Cenicienta, a Vargas Llosa, a Bill Gates, a Kurt Cobain y a la pasión.
Y en pocas nubes más, el pétalo será elfo, un elfo reanimado, y reanimado por el sol, un sol de cuarzo, de un cuarzo confundido, como el agua, pero agua de otro manantial.
Alguien visita el jardín de las orquídeas, y capta la presencia de la única ausencia: el pétalo color perla y su gota de iridio.
Por Dober Hoo
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