La vedette Alejandra Pradón no cayó desde el balcón del séptimo piso del edificio situado en la calle Mendoza 1925 del barrio de Belgrano la madrugada del 15 de marzo del 2004 como se dijo hasta este momento.
Su historia es un poco más modesta en cuanto al milagro de su supervivencia y más compleja en torno a la trama de encubrimiento que se montó a su alrededor por la dirigencia de uno de los clubes de fútbol más importantes de la Argentina.
La vedette Alejandra Pradón no cayó desde el balcón del séptimo piso del edificio situado en la calle Mendoza 1925 del barrio de Belgrano la madrugada del 15 de marzo del 2004 como se dijo hasta este momento.
La sucesión de los hechos fueron minuciosamente detallados a
por una “garganta profunda” del club deportivo en cuestión y verificado por este diario a partir de varios informantes que condicionaron relatar la verdad de los hechos a cambio de conservar su identidad en el anonimato.
La reconstrucción del episodio es la siguiente: pasada la medianoche de ese lunes de marzo algunos integrantes del club de primera que habían tenido una intensa semana de trabajo, se juntaron en el edificio de Belgrano.
Según las fuentes consultadas, en el primer piso a la calle de Mendoza 1925 se alojaba un jugador del plantel que, durante esa noche, había invitado, por lo menos a tres compañeros (algunos testimonios insisten en que el total de jugadores reunidos era de entre cinco y siete). Además del dueño de casa, se encontraban “el defensor pelilargo”, “el gran goleador” y “el gran arquero”.
Después de una comida de empanadas y vino aprovechando que el lunes tenían jornada de descanso, se escuchó un “taconeo” en el palier del departamento que anunció a la pulposa vecina del séptimo piso, quien tras algunos segundo golpeó a la puerta.
La vedette Alejandra Pradón lucía apenas unos pantalones ajustados y una remera de manga corta que resaltaban más aún su exuberante anatomía.
Dicen algunos vecinos, testigos involuntarios de la agitada reunión, que esa noche, al igual que muchas otras, desde el departamento del primer piso se escuchaban gemidos, aullidos y más exteriorizaciones de placer.
Dicen algunos vecinos, testigos involuntarios de la agitada reunión, que esa noche, al igual que muchas otras, desde el departamento del primer piso se escuchaban gemidos, aullidos y más exteriorizaciones de placer.
Sin embargo, algunos hechos harían que la del 15 de marzo, fuera una velada diferente que quedaría registrada en la historia de los escándalos nacionales.
Pasadas las cuatro de la mañana ingresó al edificio el novio oficial de Alejandra Pradón, el entrerriano Fabrizio Lallana, hombre muy celoso y de modales violentos según confesaron mas tarde allegados a la vedette. Lallana habría intentado comunicarse con su novia pero ante la imposibilidad de ubicarla tanto en el teléfono de línea como en el celular, decidió ir personalmente al encuentro de ella en plena madrugada.
Al no ubicarla en el séptimo piso decidió actuar según lo que la intuición le dictaba y bajó hasta el primer piso. Su percepción no le falló, ya que desde el departamento de “el paraguayo” se hacían ostensibles los sonidos propios de una jornada amorosa tupida y variada.
Víctima de celos amorosos y pasionales, ciego de pensar que su mujer se encontraba no en los brazos de un solo hombre sino en los de cuatro o cinco, comenzó a golpear furiosamente la puerta del departamento del cual emergían risas y gemidos.
Alejandra Pradón consiguió hacer equilibro en el balcón de ese primer piso, pero cuando estaba por conseguir su objetivo, una mala maniobra la hizo trastabillar.
Entonces, hubo un desconcierto generalizado en el interior del lugar hasta que un futbolista se decidió a pasar a la vedette al balcón de al lado, aparentemente propiedad de un vecino amigo del dueño de casa.
Alejandra Pradón consiguió hacer equilibro en el balcón de ese primer piso, pero cuando estaba por conseguir su objetivo, una mala maniobra la hizo trastabillar. Intentó aferrarse a la rama del árbol, pero el peso de su cuerpo siliconado pudo mas que la sobria naturaleza y la vedette, con rama y todo, cayó pesadamente contra el jardincito ubicado en la puerta del edificio.
Allí comenzó a gestarse otra historia de la cual daremos cuenta en las próximas entregas.
Continuará...