MIS TEXTOS

Negro

Por Roberto O. Lorenzo.

Ja Ja Ja.

El señor Udsoon, se reía, a todos los que estaban cerca les extrañaba que un condenado a muerte se riese de esa manera.

Nadie sabia el porque de las carcajadas que salían de la celda de mayor seguridad del país. Ja Ja Ja  Solo el señor Udsoon.

En su cabeza resonaba la sentencia. De acuerdo a las leyes de nuestro país y como consecuencia de sus actos atroces es usted condenado a morir en horca. Nada de risueño había en esto. Pero la risa apareció. Ja Ja Ja.

Eran los diarios y los periodistas los que causaban su hilaridad. Los títulos gigantes escritos con tipos inmensos, como se tratase de la mayor de las catástrofes anunciaron su próximo fin. Ja Ja Ja Ja.

Pena de muerte para el asesino de gente de color (de color negro por supuesto) Ja Ja Ja.

Por matar a 10 personas, ajusticiaran a Udsoon (son 17, no encontraron todos los pedazos) Ja Ja Ja.

Udsoon había previsto todo.

El creía fervientemente en la reencarnación, hizo todos los rituales prescriptos, tomo un trozo de piel de una de sus victimas y sobre el escribió con su propia sangre, un contrato con diablo. Ja Ja Ja.

Viajó a Buenos Aires y en una noche sin luna bajo a una misteriosa catacumba escondida en uno de los parques de la que se decía era la entrada  al infierno,  dejó envuelta en seda el corazón de una virgen (negra, claro). Ja Ja Ja.

Buscó en los libros oscuros, la forma con la que asegurar su renacimiento, cumplió cada uno de los ritos propuestos sin importarle el costo en dinero o en sangre. Tenía mucho de uno y siempre le era fácil conseguir la segunda. Ja Ja Ja.

Luego, comenzó su cacería. El juego era simple, mataba negros, siempre de una manera distinta. Ese era su juego. Quemó a uno, acuchilló a otro, ahorcó al tercero, tenía mucha imaginación. Ja Ja Ja

Echó a empujones al cura que se aproximó a su celda para confortarlo por su próximo fin. Ja Ja Ja.

El verdugo ajustó el lazo de la horca, los testigos miraban la ceremonia con asco, nadie entendía la causa de sus risotadas. Se abrió la trampilla y adiós mister Udsoon.

Del feroz apretón de su cuello pasó a este lugar tibio y oscuro del que lo estaban expulsando. Ja Ja Ja.

Tomó, una gran bocanada de aire, la primera de su nueva vida. Ja Ja Ja.

La enfermera luego de limpiarlo lo llevó tiernamente al lado de su mamá, abrió los ojos y lloró amargamente, como nunca había llorado un recién nacido.

Su madre era negra.

Por Roberto O. Lorenzo
Lunes 21 de Enero de 2008 10:11


Comentarios (2)
Triny (anónimo) - 02-02-2008 21:00
Muy ingenioso. Seguí escribiéndo. Muy bueno-

sandra (anónimo) - 29-01-2008 19:12
muy bueno tu cuento,felicitaciones.

Comentá esta nota

 
Herramientas
Clickexperts IAB Argentina
Acerca de Minutouno.com Información de prensa Cómo anunciar Política de privacidad Noticias en su sitio Contáctenos