¿Qué resulta más complicado, acertar las cuatro cifras en alguna lotería ocasional o tomar el tren de la ex línea Sarmiento a las siete de la mañana?
Seguramente que si se le pregunta esto a los habitantes del Oeste del Gran Buenos Aires, no serán pocos los que optarán por la segunda opción. Es por eso que a continuación, y demostrando nuestra ardua preocupación por el tema, les enviamos unos prácticos consejitos que deberían tener a la hora de viajar en tren.
- Tomar, al menos, seis clases de yoga o algún método útil para hallar la paz interior.
- Tener en cuenta la temperatura exterior (la calle) y la interior (dentro del tren), para decidir qué ropa colocarse.
- Llevar ciento veinticinco monedas (las máquinas expendedoras de boletos son lo peor del mundo…)
Prepararse para soportar y aguantar infinidades de contratiempos (entiéndase codazos, pisadas, empujones, insultos al por mayor, olores, llantos de bebés, ancianas que se quejan hasta de las quejas, vendedores ambulantes que ofertan hasta a sus hijos, y por qué no a algún borracho que siempre está preparado para hacer lo que mejor sabe: molestar.)
Si pudo superar esta etapa y se encuentra adentro del vagón, lo importante es buscar un lugar que, al menos, le permita respirar (o en todo caso utilizar la máscara de oxígeno que previamente habrá colocado en su bolsillo o cartera). Si halló el milagroso espacio de paz, sólo le resta esperar la llegada a destino, aunque existe un nuevo inconveniente que se repite muchísimo y que no queremos dejar de mencionar: a veces la formación se detiene entre dos estaciones por un largo tiempo, sin que nadie pueda comprender el porqué; allí usted se queda como un tonto durante 20 minutos y en silencio, como también le ocurre a las 50 mil personas que se encuentran a su alrededor; cuando ocurra esto, puede acudir a estos nuevos consejitos interesantes para no aburrirse…
a) Observar detenidamente las caras de cada una de las personas y jugar a buscar parecidos con personajes famosos.
b) Tratar de descifrar el característico lenguaje de los vendedores ambulantes.
c) Espiar el diario del señor de bigotes.
d) Aprovechar la situación para levantarse una mina.
Ahora bien, si logró llegar a destino, le recordamos que todavía le falta concentrarse en su trabajo, escuchar a su jefe que le recrimina: “Fernández, ¿Por qué llegó treinta y cuatro segundos tarde?, comprarle el muñeco de Barney a su hijo y por supuesto prepararse, elongar, hacerse sonar los huesos y decidirse a emprender la “misión imposible” de volver a casa, en tren y hacia el “lejano oeste”.
Por Roberto Javier Maydana.