CQC y la Justicia: Ganamos todos9 comentarios ![]() Si la televisión no se pudiera permitir la burla, en un país que, a menudo, nos sume en la impotencia, los ciudadanos no podríamos hacer catarsis a través de la risa. Sin el humor como válvula de escape, nuestras vidas serían una sucesión de días de furia. Con el fallo a favor de “CQC”, la Justicia nos defendió a todos. Me refiero al fallo de los camaristas civiles que rechazaron la demanda de un empleado de seguridad del Congreso Nacional, cuyo rostro apareció en la pantalla “desfigurado por un instante mediante la sobreimpresión de una caricatura”. Los argumentos de la sentencia rescatan el derecho a criticar a través del humor. Y a mi modo de ver, eso nos beneficia a todos. ¿Por qué? Porque la sátira, la ironía y el chiste son algunas de las pocas válvulas de escape con que contamos los argentinos frente a una realidad nacional que, a menudo, nos sume en la impotencia. La otra alternativa es la barbarie: convertir nuestras vidas en una sucesión de días de furia. Tomemos un puñado de hechos que nos ponen al borde del ataque de nervios. El índice oficial de inflación subestima, mes tras mes, la verdad de nuestro bolsillo. Un candidato que ayer nomás seducía al electorado criticando al oficialismo hoy dice, muy suelto de lengua: “El que me votó para que sea opositor, se confundió”. Aquí cerca y hace poco tiempo, buscaron convencernos de que al negarnos a comprar los tomates que cotizaban a precio de oro, estábamos domando los bravíos potros de la inflación. Mientras algunos acarician el sueño del tren bala, la mayoría viaja hacinada en ferrocarriles semidestruidos, impuntuales e inseguros a más no poder. Si la televisión no se pudiera permitir la burla o la ironía ante tanto dislate, los hombres y mujeres de a pie no tendríamos siquiera la ocasión de hacer catarsis a través de la risa. Reírse no resuelve los problemas, claro. Pero al menos nos evita la úlcera o las reacciones violentas. Que no es poco. Esta necesidad nacional de estallar en carcajadas para no salir a la calle a repartir insultos y trompadas viene de lejos. Así lo cuenta Horacio Salas, en su prólogo al libro “Crónica del humor político en la Argentina”, de Jorge Palacio: “La historia del humor político en Argentina se inicia antes que la propia historia de la patria, cuando el casi legendario Telégrafo Mercantil publicó un ‘Soneto’ de ‘El poeta médico de las almorranas”, en su número del 3 de septiembre de 1802, que el virrey Joaquín del Pino juzgó atentatorio contra su autoridad. Y como habría de ocurrir tantas veces en la historia, el periódico fue censurado y debió bajar la cortina”. Luego, Salas cita un ejemplo más cercano en el tiempo: el enojo del general Juan Carlos Onganía cuando, en 1966, el dibujante Landrú lo caricaturizó bajo la imagen de una morsa. “El retrato era tan fiel que, aunque mandó clausurar la revista, el severo militar nunca consiguió que sus compatriotas lo vieran con otro aspecto que no fuera un adoboenus rosmarus”, sostiene. Y agrega que “pese a censuras y prohibiciones, los argentinos nunca dejamos de burlarnos de nuestras autoridades. Chistes, dibujos, caricaturas, coplas y chascarrillos que iban de boca en boca fueron la preocupación de los gobernantes desde comienzos del siglo XIX”. Justo es decir que desde entonces, los gobernantes tampoco renunciaron _algunos más, otros menos_ al deseo de vendernos espejitos de colores. Y lo más triste es que muchos de ellos ni siquiera han sido capaces de tolerar que se les respondiera con el más civilizado de los recursos: la ironía. Basta pensar en las desafortunadas declaraciones del ex presidente Fernando de la Rúa, cuando al cabo de un gobierno lleno de deficiencias culpó de su fracaso a la imitación que de él se hacía en el ciclo televisivo de Marcelo Tinelli. “Como es natural, el humor político floreció en las épocas de gobiernos democráticos que, con ganas o sin ellas, debieron permitir el chiste (muchas veces vitriólico) sobre los momentáneos dueños del poder”, apunta Salas. Y ahora, la Justicia les recuerda que no podrán dejar de permitirlo, ya que para los camaristas Eduardo Zannoni, Fernando Posse Saguier y José Luis Galmarini, “la burla, el humor, la caricaturización de personajes, forman parte de la vida diaria” y “tanto el ciudadano común, cuanto el hombre público (el político, el juez, el deportista, el artista” están acostumbrados a las bromas y hasta la ridiculización de los actos y costumbres de los personajes públicos”. Bravo, por esos jueces que entendieron que “el humor, el chiste (…) constituyen una de las más elevadas formas de expresión espiritual” y que reivindican a “la sátira como género o forma de expresión periodística”. Después, si alguien se excede y cae en el delito de injurias o calumnias, eso será objeto de otro pleito y otro análisis.
Comentarios (9) Julieta (anónimo) - 18-02-2008 13:27 A este empleado no se le tomó el pelo, ni se lo insultó. No creo que se vea lastimada su hombría ni su humanidad ... por todo ello, creo que una humorada es eso. Prefiero una humorada sobreimpresa que los números del INDEC que por más que sean sobreimpresos al real, son una tomada de pelo al pueblo considerandonos imbésiles e ignorantes, pensando que no nos daremos cuenta de la realidad. Prefiero el humor inteligente de CQC al humor grosero y falto de inteligencia de los programas de alto rating que generan peleas y conflictos y no nos dejan nada interesante para nuestras vidas. Mario de Bahia (anónimo) - 17-02-2008 12:20 Que hagan el humor que quieran, pero haber cuando empiezan a respetar a los demas, burlarse de un trabajador no creo que beneficie a nadie, quizas a los ignorantes de siempre que no respetan la vida privada del resto sea un buen fallo, para mi no, habria que preguntarle a los jueces haber si les gustaria que les tomaran fotos a ellos o sus familiares, pero como siempre ellos son intocables para todo NEMESIS (anónimo) - 16-02-2008 20:30 Coincido con Adriana Schettini........La antigua "Caras y Caretas" se mofaba de los políticos de la epoca y hasta donde sé, nunca se clausuró la revista........Ya en la pretoriana Roma se verdugueaba al general que entraba en Triunfo........para que no se la creyera.....Sin embargo este caso es distinto, ya que el ofendido es un empleado que se exige cumpla con su trabajo y nó un politico y quien sabe si en las mismas circunstancias, nos ofenderíamos........ Liebre (anónimo) - 16-02-2008 18:27 No leí el libro de Sr. Salas, pero me imagino que contará si en la década del 50 se lo podía ridiculizar a Perón..... El único humorista que estaba "autorizado" a hacer "chistes" era Lino Palacios. De Onganía, que se podía esperar... valeria (anónimo) - 16-02-2008 12:08 periodistas.... ya que son gente tan superada...¿¿por que no empiezan por ridiculizarse a ustedes mismos?? La ridiculizacion bien entendida empieza por casa.... no me creo la autenticidad libre de porcentajes de este fallo judicial... Me parece bien el fallo, pero hagamos television (raiting) con los politicos truchos y no con los politicos trabajadores que son pocos. Sofia (anónimo) - 15-02-2008 20:50 Coincido. Un aplauso para esos jueces. Aguante CQC!! MARIO (anónimo) - 15-02-2008 18:03 LOS CIUDADANOS COMUNES, MERCANCIA DE RATING DE PROGRAMAS COMO ESOS, TOTALMENTE DESPROTEGIDOS. AL MENOS COMPARTAN LAS GANANCIAS... Todo muy lindo, pero sigo creyendo que se debe respetar a los demas ante todo, puesto de esta manera, podria reirme al mismo tiempo que insulto a estos jueces y no podrian hacer nada, porque todo seria un chiste, sabra disculparme, pero sigo pensando que el hilo se corta siempre por lo mas fino ( se han reido de un trabajador al que no le queda mas alternativa que cumplir con su tarea ) y honestamente no me siento protegido y mucho menos haber ganado algo con este fallo Comentá esta nota |
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