Mi Amigo, "el Limpiaparabrisas"El personaje que quiero conozcan por este medio, compartiendo algunas charlas y vivencias, es un muchacho que desde hace 12 años limpia los parabrisas de los vehículos en una esquina conocida de Córdoba. Es diferente a lo que se puedan imaginar como limpiador de vidrios ya que no es agresivo ni impulsivo en su trabajo. La simpatía, la chispa cordobesa hacen que los automovilistas por lo general se vayan con el parabrisas limpio y una sonrisa. Es un tipo simpático y por sobre todo buena persona. Entre charla y charla, filosofando sobre el Club Atlético Belgrano, la mona Jiménez y algún que otro baile de cuartetos, le preguntaba cuanto ganaba en una jornada de trabajo. “Mira vieja” me dice “yo vengo aquí a las 9 de la mañana y me voy a las 4 de la tarde de lunes a viernes” y suelo hacer entre $75 a $110 por día “¿Cómo te va esa?” me dice y sale disparado mientras el semáforo está en rojo. Vuelve contento, jamás desdibuja la sonrisa de su rostro haya recibido propina o no. “Juntamos plata con la bruja para que se ponga un negocito en el barrio, esos que venden de todo” -¿Vas a dejar este laburo tan redituable cuando tengas el negocio?- “¡Noooo!, Ni mamado lo dejo! Si yo me voy de esta esquina, y se me mete otro no lo saco más, esta esquina es mía ¡mirá! me dice mientras con el dedo apunta al cartel que señaliza el nombre de la calle. –en cualquier momento ponen mi nombre en ese cartel. Y sale nuevamente corriendo a las carcajadas porque alguien le pide que le limpie el vidrio.
Esa es la vida de este muchacho, que de pibe no las pasó muy bien. Tiene alrededor de 25 años así que desde chico descubrió que la calle es su fuente de ingreso.
Mis viejos no podían pagarme el estudio, así que no me quedo otra que salir a rebuscármelas como podía. Dentro de todo no la paso mal. Este comentario me hace reflexionar, sobre la gran diferencia que hay entre estos muchachos, hijos de la embestida de la globalización y del uno a uno, y nosotros que recibimos un estudio, pero que no nos enseñaron a desenvolvernos en situaciones de crisis, como la vida les enseña a diario a ellos.
En un momento, estaba parado en la esquina observándolo. Es bastante grandote y cabezón, con pelo largo negro y lleno de rulos cortados al hachazo, un estilo muy cordobés. En un momento se pone el semáforo en rojo, y venía medio mal el tema porque los automovilistas ya habían puesto cara de serios al verlo con su herramienta de trabajo en la mano. La típica cara que ponemos cuando sabemos que nos van a manguear y no queremos. Mi amigo me mira y con cara de pícaro dice “marcá esto vieja”, sale disparado hacia el tipo de cara más seria y le dice “¡amigo!, ¿ve al señor ese parado ahí, al pelado? El tipo me mira y asiente con la cabeza sin decir nada. ¡Es mi supervisor de calidad! viene acá a ver que tal hago el laburo y si me sale mal me mete un multón! ¡déjeme demostrarle que le dejo el parabrisas de diez!, el tipo se ríe, le da una moneda de un peso, y mi amigo realmente se esmera para hacer su trabajo de manera brillante. Cuando vuelve me guiña el ojo “quedate un rato más paladín que me das suerte” me dice mientras se ríe y repite el mismo discurso, alegrando esos duros rostros que a diario pasan por esa esquina.
¿Quién puede ofrecerle a mi amigo un futuro mejor, si para él este es el mejor presente? ¿el estudio le garantiza un oficio que iguale su ganancias y su libertad? El es su propio jefe y él es la empresa, le deja buena ganancia y lo hace sentir bien y a la vez, les hace pasar un momento agradable a otros. En esa esquina hay una clínica que suelo visitar. Una vez me muestra una caja llena de remedios. La veo y leo que eran medicamentos pediátricos para bajar la fiebre y vitaminas. “¿Quién te dio esto? Le pregunto – “los visitadores médicos que vienen a la clínica” me dice. ¿No sabés adonde lo puedo vender? – no, le comento, pero no sería correcto que lo vendas porque son muestras de laboratorio, lo que tenes que hacer, es llevar esto al dispensario de tu barrio que te lo van a saber agradecer- Poniendo cara de loco, revoleando los ojos y mirando un instante para arriba hacia la nada dice “tenés razón”.
La verdad, admiro al cabezón, su valentía de enfrentar la vida y las cosas que aprende y enseña a diario. Días después de acontecido lo de los medicamentos, paso algo apurado con el auto y me hace señas. Detengo un poco la marcha y me dice con el pulgar para arriba “¡Maestro, ya llevé los remedios al dispensario estaban chochos! ¿cumplida la misión? Cumplida le respondo.
Entendí que mi amigo había aprendido algo importante. La mayoría, solidariamente tratamos de darle la moneda en retribución a su trabajo, pero él, acostumbrado a pelear para ganarse el mango, creía que a todo lo debía convertir en monedas. Cuando dio esos remedios, aprendió que él también podía ser solidario y me aseguró que cada vez que vea a los visitadores médicos, les iba a pedir remedios para llevarlos al dispensario del barrio.
Solo quería que conozcan esta historia, este personaje porque creo es el modelo de país que se impuso como alternativa a tanto caos y se me ocurrió pensar, de haber tenido la oportunidad ¿Qué hubiera sido? ¿un buen comediante? ¿actor? ¿un visitador médico tal vez?... vaya a saber…
Saludos cordiales,
Alejandro Romero | Viernes 15 de Febrero de 2008 17:40 |
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