Presente Imperfecto - Capítulo 2

"No estás muerto, Axel, ni tampoco estás soñando. Lo que esta pasando es verdad: hagas lo que hagas, y vayas a donde vayas siempre son las nueve y cinco de esta mañana…”.
Por Dumas.

“No estás muerto, Axel, ni tampoco estás soñando. Lo que esta pasando es verdad: hagas lo que hagas, y vayas a donde vayas siempre son las nueve y cinco de esta mañana…”.
 
De algún modo perturbador, las palabras de Diógenes fueron una revelación para Axel.
Y como si fuera poco, el viejo agregró: “ Supongo que podrás entrar a la oficina de Ana una vez, y otra vez, y otra vez; y veinte veces mas. Y se repetirá la misma escena siempre. Con algunos leves cambios, pero el final será siempre el mismo. Y siempre, serán las nueve y cinco en el reloj.”
Un muchacho pasó caminando junto a ellos, Diógenes le pidió que le dijera la hora y el muchacho mirando su reloj pulsera respondió: las nueve y cinco.
“Podemos preguntarle la hora al policía que está allá en la esquina, o a aquella muchacha de pantalones ajustados, o a aquel viejo que viene allá. Todos nos van a decir la misma hora, Axel: las nueve y cinco. Si no me equivoco, pibe, hace ya un rato largo que para vos son las nueve y cinco de la mañana.”
Diógenes le dio una larga pitada al cigarrillo y lo tiró al suelo para aplastarlo pisando la colilla con un viejo y desgastado zapato negro.
Axel quiso saber qué estaba pasando, qué era aquella locura; Diógenes le respondió que a él tambien le gustaría saber la respuesta. “Tenemos un problema”, le dijo el viejo, “habrá que solucionarlo”.
“¿Cómo que ´tenemos´ un problema?, TENGO un problema”, le corrió Axel.
Diógenes estuvo de acuerdo: el problema era de Axel, y tal vez encontraran una solución yendo a su casa. Axel no entendía como un problema que no comprendía podía solucionarse yendo a su propia casa. Pero Diógenes ya iba caminando por la vereda rumbo a la parada del colectivo.
“Yo me pago mi boleto, pibe”, dijo el viejo mientras extendía su brazo parando la marcha del 105.
Axel apuró el paso y ganó la puerta del colectivo en primer lugar; una mujer embarazada se acercó con paso rápido y Diógenes le cedió el turno para subir.
 
Demasiado confundido para los buenos modales, Axel sacó su boleto y fue en busca de un asiento en el fondo del colectivo. Diógenes se le sentó al lado.
Axel se excusó diciendo que no había vísto que la mujer embarazada subiría tambien, de lo contrario él le habría cedido el paso. El viejo le creyó.
“Es raro…, pero recién ahora me doy cuenta que en lo que va de la mañana me crucé con varias mujeres embarazadas…”. Axel miró a Diógenes buscando una respuesta, pero el viejo sonreía mientras miraba el boleto que tenía entre sus manos.
“Éstas máquinas expendedoras imprimen la hora en la que uno saca el boleto”; y se lo muestra: Hora: 9:05. “Definitivamente, tenemos un problema”.
Axel le reprochó que ya decía eso por segunda vez, le preguntó si a el le pasaba lo mismo, y la pregunta del millón: “¿Quién es usted?”.
Diógenes habló con tono paternal, “yo podría explicarte perfectamente quien soy pero no lo vas a entender, y complicaría mucho más la situación en la que estamos. Con respecto a tu otra pregunta, la respuesta es SI: A mí me pasa lo mismo que a vos, vivo constantemente en la misma hora, las nueve y cinco. Podés elegir confiar en mí sin saber quien soy, y tal vez podamos resolver esto. O pedirme que me vaya, y tratar de buscar una solución vos solo. Cosa que no vas a poder, como tampoco voy a poder hacerlo sin vos.”.
Oportuno el destino, en aquel momento Diógenes se levantó para tocar el timbre de parada.
 
Dumas
 
Miércoles 27 de Febrero de 2008 10:06


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