Presente Imperfecto. Capítulo 3“Yo podría explicarte perfectamente quien soy pero no lo vas a entender, y complicaría mucho más la situación en la que estamos. Con respecto a tu otra pregunta, la respuesta es SI: A mí me pasa lo mismo que a vos, vivo constantemente en la misma hora, las nueve y cinco. Podés elegir confiar en mí sin saber quien soy, y tal vez podamos resolver esto. O pedirme que me vaya, y tratar de buscar una solución vos solo. Cosa que no vas a poder, como tampoco voy a poder hacerlo sin vos.”. Oportuno el destino, en aquel momento Diógenes se levantó para tocar el timbre de parada. Axel y Diógenes bajaron del colectivo, y el muchacho tomó la delantera en el camino por la vereda. Diógenes lo seguía, caminando lento; mirando acá y allá el paisaje del barrio, tan familiar, tan ajeno. Caminaron media cuadra, y Axel saltó un jardín hasta llegar a la puerta de su casa, sacó las llaves y abrió. Exactamente como la había dejado, así lo recibió su hogar. Con la silla tumbada en el suelo incluída. Diógenes entro al lugar metiéndose las manos en los bolsillos de su sobretodo. Recorrió con la mirada las paredes y los muebles, y se detuvo en un porta-retrato que mostraba una fotografía de Axel y Ana. El viejo se acercó a la foto, y la tomo en sus manos. “Ana, mi esposa”, dijo Axel. El viejo asintió con la cabeza y dejó el porta-retrato en su lugar. “Bueno, ésta es mi casa, ¿Dónde está la solución al problema?”. Diógenes miró al reloj que colgaba en la pared: las nueve y cinco en punto. Después, caminó hacia la puerta que daba a la habitación. Miró hacia el interior. Después, miró a Axel directo a los ojos. “Contame qué es lo que recordás exactamente antes de darte cuenta que algo andaba mal”, dijo el viejo. Axel le respondió que en verdad no se acordaba bien; y Diógenes repreguntó “contame que te acrodás desde que te despertaste, hoy”. “Bueno…, el despertador sonó a las siete de la mañana, es la hora en que mi esposa se levanta para ir a su trabajo en la oficina; también me desperté a esa hora. Yo no tengo trabajo en éste momento, pero me levanto con Ana por lo menos para empezar el día con ella. Ana fue al baño a ducharse, yo me volví a acostar y me quedé dormido. Creo acordarme que Ana me despertó para avisarme que ya se iba: ya estaba con su uniforme puesto. Yo, medio dormido, le di un beso; y creo que volví a dormirme despues de eso. Después me desperté, miré el reloj, y eran las nueve de la mañana. Me sentí culpable: sin trabajo, y en la cama a esa hora, y mi esposa en la oficina. Me levanté apurado, como si eso solucionara algo. Pensaba bañarme y salir, como desde hace dos meses y ver si encontraba algún trabajo.” Y el silencio. Diógenes quiso saber qué había pasado después, que era importante que hiciera memoria desde que “te levantaste apurado para ir a ducharte”. Axel caminó hasta el marco de la puerta de la habitación, y con malhumor respondió: “Me levanté apurado para ir a bañarme, y me bañé”. Diógenes habló con voz firme, sin sacarle la mirada a los ojos de Axel: “Te levantaste apurado para ir a bañarte; estabas muy molesto con vos mismo porque eran las nueve de la mañana y seguías en la cama mientras que Ana ya llevaba una hora trabajando en la oficina. Entonces, impaciente para recuperar el tiempo que habías perdido, te levantaste y caminaste hasta la puerta de tu habitación. La impaciencia no te dejó ver el zapato que dejaste en el suelo anoche, y que estaba en tu camino, y tropezaste. Y perdiste el equilibrio.” Otra vez el silencio. Y Diógenes remató: “El zapato todavía está ahí en el suelo, Axel. No sólo tropezaste con un zapato; también tropezaste con el tiempo”. Axel sonrió de manera estúpida y se apoyó en el marco de la puerta. “Que locura –comenzó diciendo- Todos los relojes marcan las nueve y cinco de la mañana, me encuentro con un viejo loco que no sé para que lo traigo a mi casa, y me dice que tropecé con el tiempo…¿Por qué no se va a la puta que lo parió?”. Dumas
| Viernes 29 de Febrero de 2008 09:05 |
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