Cuando hablamos de calentamiento global y cambio climático, sabemos que hay un responsable principal que es el dióxido de Carbono. Sin embargo, existe otro enemigo de la tierra y la raza humana que es el dioxín. Cuando escuchamos hablar estos días de que se fumigan las plantaciones de coca en Colombia con un veneno para matar la planta, no es ni más ni menos que el dioxín como parte del cóctel. Las dioxinas no solo son parte de algunos herbicidas, cada vez que se quema basura a cielo abierto, se envía este veneno al aire, es necesario quemarlas a más de 900 grados para que desaparezcan, como esto no sucede, el viento las transporta y deposita en pasturas y alimentos para ganado y en ríos. Cuando el ganado come esa pastura contaminada, el veneno entra al torrente sanguíneo y se deposita en el tejido adiposo, en las grasas y en la leche. Cuando consumimos estos productos vacunos y todos los derivados lácteos contaminados, las dioxinas entran a nuestro cuerpo y allí comienza otra historia.
Esta nueva historia ya no es únicamente la del dioxin sino que tiene a otros protagonistas. Cuando se habla de siembra directa, se establece como norma que se debe fumigar con herbicidas para que todo yuyo o maleza muera y solo crezca la soja. ¿Pero porque no muere también la soja?, porque está modificada genéticamente y ese gen agregado y modificado es resistente a ese herbicida. Aquí ya tenemos dos componentes malignos, uno el dioxin, otro la manipulación genética de la planta. ¿Por qué digo malignos?, muy simple. Cada célula de nuestro cuerpo contiene la famosa cadena del ADN. Cuando ingerimos alimentos, estos al ser transformados en glucosa o energía para alimentar la célula, le transfieren una determinada información genética a esa célula. A partir de allí, la célula comienza a construir otra célula. Podríamos decir que recibe los planos de construcción y pone manos a la obra.
Ahora bien, si esa célula no recibe los planos adecuados, deja de fabricar algo. Esto es lo que pasa con los fetos de bebes que luego nacen con malformaciones. En el chaco, a causa de un herbicida, nacen muchos chicos con problemas de labio leporino y paladar partido. En el caso de un adulto, esa célula puede recibir información cambiada e iniciar la fabricación de una célula defectuosa y comienza a aparecer el cáncer y otras enfermedades del sistema linfático, endocrino etc.. Esto sucede porque se combinaron varios factores, uno es la entrada de las dioxinas al cuerpo que actúan como un pacman ¿se acuerdan del pac man? Y la otra, es la manipulación genética de las semillas que a su vez, como un efecto dominó, le dan planos cambiados a la célula y esta utiliza ladrillos defectuosos que sin dudas hará que con el tiempo esa pared defectuosa se caiga.
En Vietnam el agente naranja mató a miles de personas, pero el efecto más devastador fue que nacieron cientos de miles de niños con malformaciones. Muchos están hoy en frascos de laboratorio, pero otros tantos quedaron vivos. Nacieron niños sin cabeza, con dos cabezas, tres brazos, sin piernas etc. ¿Saben cual es el principal componente del famoso agente naranja fabricado por monsanto asociados con otras empresas químicas? El dioxín o dioxinas.
¿Existe en el país un control de estos químicos? ¿Después de la aparición de tantas malformaciones en sectores rurales se hacen controles o investigación sobre las causales?
Las papeleras usan derivados del cloro para producir la famosa pasta ¿saben que sale de las chimeneas de esas fábricas? Dioxinas, toneladas de dioxinas que se depositan en todas partes. No es casualidad que en las zonas adonde hay papeleras en argentina, haya tantos niños con malformaciones. Por lo general se le echa la culpa a la desnutrición, pero en la mayoría de los casos son las dioxinas las responsables de estas calamidades que viven niños y adultos al nacer defectuosos. No es solo el defecto, es vivir con el, es sentirse diferente, escuchar las burlas y frustrarse de a poco por no considerarse normal. Mientras tanto, los responsables pasan desapercibidos.
Hoy, entendemos un poco más del daño que le hacemos a la tierra y la inescrupulosidad del manejo genético y de herbicidas, negocio de miles de millones de dólares. También entendemos porque el Vaticano o el Papa, afirma que la manipulación genética es pecado. Ellos saben, que esta gente cruzó el límite, y si leyeron mi escrito titulado ¿De que Estamos Hechos? Publicado en esta página, entenderán mejor a que me refiero con esto del límite.
Les dejo un cordial saludo,
Alejandro Romero