Viene para acá - Parte 3

Por Dumas.

Capítulo 3.

Sólo una coincidencia. Había sido sólo una coincidencia. La vida está llena de sucesos relacionados de un modo exageradamente fortuito; no había que darle muchas vueltas al asunto. Había sido una coincidencia, sólo eso: el avistaje de una pequeña nube de humo (que hasta probablemente me haya imaginado), mugre flotando en el aire, nada tenía que ver el fallecimiento de un paciente. Un hecho no se relacionaba en absoluto con el otro. El fallecimiento de un paciente en el hospital era lo mas habitual del mundo, no había por qué enredarse en pensamientos que desde el comienzo no llevaban a ningún lugar de la razón.

No viste a la muerte, eso es imposible. Sólo viste ( y también insisto: a lo mejor lo imaginaste) una pequeña nube de humo salida de algún lado. El fallecimiento del paciente de la habitación 119 había sido una decisión de Dios. Nada tuviste que ver en ése asunto.

Mentira. Ni yo mismo me creo esto que me estoy diciendo mientras lo pienso.

Pero, ¿Cómo es posible que hayas visto a la muerte?. ¿Te das cuenta de lo que estás planteando?: VER A LA MUERTE. Es una locura; será mejor que renuncies al trabajo, será mejor que te alejes de un lugar y unas circunstancias que indudablemente comienzan a desintonizar tu cabeza con la realidad. Es mucho mas beneficioso tener la cabeza ocupada en pensamientos mundanos ( no saber de dónde sacar la plata para pagar el alquiler de la habitación, por ejemplo; o rezar que el próximo sujeto que me cruce por la calle pase fumando para pedirle un cigarrillo; o andar por la calle mirando al suelo para ver si encontras un billete tirado) que estar convenciéndote de la idea de que sos capaz de ver a la muerte.

Ni más ni menos.

No importa lo que me digas, conciencia. Ninguna de tus palabras me suenan convincentes. Mejor, salgo a fumar un cigarrillo porque la madrugada me está matando.
 
Las dos de la mañana. O las tres, lo mismo daba. La madrugada parece tener siempre la misma hora. Prendí un cigarrillo (cornalitos fritos con mostaza) una vez que salí al camino de entrada al pabellón.
Allá adelante, bajo la luz somnolienta de un farol, la rayuela que la niña había pintado en el suelo comenzaba a desdibujarse gracias a las sucesivas pisadas que fue sufriendo.

La máquina expendedora de golosinas, parecía dormir con su gran ojo de vidrio de luz blanca en su interior.

Seguí fumando (pizza de roquefort) mientras me distraje mirando a la última ventana del edificio situado enfrente del hospital. En aquel momento, la ventana estaba oscura, e internamente sentí envidia por quien estuviera del otro lado, ya que estaba disfrutando de una cama cómoda, y, seguro, no sufría el insomnio de no saber si podía pagar su alquiler el mes que viene.

A pesar de que apenas sí lo había prendido, le dí la última pitada al cigarrillo (ácido sabor del queso untable en el pan) y lo arrojé al suelo.

Había salido a despejarme, pero la intemperie comenzaba a darme claustrofobia.
Regresé a la habitación.
 
El viejo dormía plácidamente.
Me senté en el sillón ubicado junto a la puerta, de cara a la ventana en la pared de enfrente. Había dejado prendida sólo la luz de la cabecera de la cama, y todo el lugar tenía un clima que invitaba a dormir. Pero yo no tenía sueño.

Miré hacia el aparato de televisión colgado en la pared, sobre la puerta que da al baño del cuarto, y me dije que bien podrían haber pagado el anexo para tener señal: por lo menos así, las noches no serían tan lentas. Ni mortales.

De haberme gustado la lectura, aseguro que a ésta altura ya me habría leído una biblioteca completa.
Ya no tenía rincón de la habitación que me ayudara a distraerme en los pensamientos. Un minuto después, me reí de ésta idea; pues ni aunque contara con una convención de payasos allí dentro, toda mi atención recayó en la casi invisible nube que ahora flotaba debajo de la cama del paciente.
“Se me muere el viejo”, fue mi primer pensamiento al ver aquél entretejido traslúcido que se desplazaba lentamente entre las cuatro patas de la cama del hospital.

Me puse de pié, dispuesto a arrojarme debajo de la cama para ver mejor; pero bastó un segundo para que el humo desapareciera cuando pude tener una mejor visión del espacio entre la cama y el embaldosado del suelo.

Me reía de mi propia estupidez, casi me había arrojado de cabeza desde el sillón hasta debajo de la cama por algo que sólo me lo mostraba mi imaginación.

Rodeando la cama, caminé hacia la ventana. La luz de la habitación repetía en el vidrio mi propia imagen contrastando con la negrura de la noche, allá afuera.

A punto estaba de volver al sillón, cuando la pequeña nube de humo apareció de nuevo:
Flotando lentamente, del otro lado del vidrio, en dirección a la habitación de al lado.
Seguí su recorrido con mi mirada: una estela difusa de humo apenas perceptible moviéndose en el aire; hasta desapareció de mi vista.
 
No había pasado un minuto cuando la tranquilidad del pabellón se rompió en pedazos por el sonido del timbre de la habitación de al lado llamando a la enfermera.
 
 
Dumas

Contacto: elfolletin@hotmail.com

 

Viernes 9 de Mayo de 2008 08:21


Comentarios (10)
Triny (anónimo) - 10-05-2008 20:19
Mi padre falleció en una clínica el 23 de Enero de este año y estaba internado desde el 10 de Diciembre, el 90% de las noches las pasé con él y sinceramente tu relato me hace recordar de todos esos momentos que compartí con él y me hace sentir bien, porque se que no estuvo solo. Espero sigas escribiendo. Afectuosamente.

Si seguis fumando (anónimo) - 10-05-2008 16:23
Si seguis fumando vas a terminar vos en la cama del hospital.

EL CIGARILLO MATA (anónimo) - 09-05-2008 23:09
APAGÁ EL CIGARRILLO DUMAS QUE EL CIGARRO MATA.

JOJO (anónimo) - 09-05-2008 20:59
UN COMENTARIO JUSTO DE UNA BESTIA.................. RIA

El cigarillo mata (anónimo) - 09-05-2008 19:47
Hay una realidad y es que el cigarrillo mata lentamente; pero tambien, es una realidad, que quien fuma esta "atrapado" por ese cigarro y por lo que he visto, les cuesta muchisimo desatarse; es como una lucha interna entre Dr.Jeckill y Mr.Hide.
Pero vale la pena intentarlo una, dos, tres o las veces que sea necesario, para no terminar en la cama de un hospital, mientras los que te aman sufren de impotencia.

Porteñita (anónimo) - 09-05-2008 14:45
Viene esquivando el paciente de la 114... y si se lleva un ventilador y le apunta a la nube cuando aparece ...que sucede? y si un dia se mimetiza con el humo de su cigarro y sale serpenteando desde alli? que misterio..... veremos que sigue,.... vamos 114 todavia!

PD: respecto al comentario de "Bestiaria", justamente creo que, como el fundamento de "ese lector" no tiene ningun sustento aceptable, no hace falta responder. La literatura tambien es fantasia, y la fantasia, se disfruta.
Saludotes;

Marta (anónimo) - 09-05-2008 14:35
Siempre bueno, me gustó mucho, quien alguna vez cuidó enfermos de noche se sentirán identificados, bueno , es la vida! Besos, hasta la ´próxima.Buen fin de semana.

Yok (anónimo) - 09-05-2008 14:33
Muy bueno, Sr. Dumas.
Esto me tiene re enganchada.

BESTIARIA (anónimo) - 09-05-2008 13:44
En cuanto a esa persona que entra para dejar comentarios no muy afortunados, me gustaria que ni usted, ni ninguno de los otros lectores que dejan sus comentarios (que casi ya formamos como un club de fans) le den mas importancia de la que tiene. Obviamente todos estamos en nuestro derecho de comentar, pero me parece que esta persona podria dedicarse a comentar otras notas de interes general, en lugar de juzgar si ustede fuma, roba monedas a niñas inocentes, o como en su relato anterior, juega por un rato a ser Dios y jugar con el destino de sus vecinos. Por otro lado no quisiera imaginarme si este personaje se pone asi por sus relatos, como se habra puesto ante un texto de Bukoswki, la diferencia esta en que en la misma situacion, el magnifico Charles, le hubiera proferido un terrible insulto y ustede trata de explicarle las ventajas de la libertad de expresarse en un lugar como minuto uno . Por eso reitero mi pedido a ustede y al pequeño clan dumas de no contestarle.

BESTIARIA (anónimo) - 09-05-2008 13:42
Señor Dumas, insisto en que la idea de saborear cada cigarrillo con el gusto de una rica comida me parece fabulosa. Del relato ni hablar, la verdad es que ha superado las dudas que me genero el primer capitulo.
Saludos

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