- River sigue hundiéndose en su pozo futbolístico: perdió como local (en la cancha de Vélez) ante Godoy Cruz por 1 a 0.
- El único gol lo convirtió Nicolás Olmedo a los 49 minutos de la segunda parte. Así, el equipo mendocino se escapa del fantasma del descenso directo.
Godoy Cruz consiguió la hazaña: a los 49 minutos de la segunda parte le ganó a River como visitante y logró un triunfo histórico y vital para mantener la categoría. El gol lo convirtió Olmedo en una contra letal cuando el partido se moría. Y el Amalfitani (donde hizo de local el equipo de Daniel Passarella ya que el Monumental está clausurado) explotó.
El estallido fue en las dos tribunas. En la visitante con el puñado numeroso de hinchas que llegaron desde Mendoza, con un triunfo que invita a soñar para quedarse en Primera. Pero también explotó las gradas locales. Otra vez River jugó mal y volvió a perder. El equipo de Passarella no levanta cabeza.
Con la victoria, consumada por el centrocampista suplente Nicolás Olmedo, el equipo mendocino le sacó tres unidades de ventaja a Belgrano de Córdoba en la lucha por evitar el descenso directo y a la vez dejó a dos puntos a Nueva Chicago, cuando apenas restan dos jornadas para que finalice el torneo.
Los de Daniel Passarella, que aún no aseguraron un lugar en la fase de grupos de la Copa Libertadores de América (ya están clasificados como mínimo para el Repechaje), volvieron a irse comprensiblemente muy silbados por los pocos hinchas que se acercaron al Amalfitani.
El primer tiempo resultó agradable, con dos equipos bien plantados, sobre todo el visitante que prefirió cederle la iniciativa a River, pero cada vez que intentó pasar al ataque lo hizo con criterio y convencido de que podía llegar hasta el arco defendido por Juan Pablo Carrizo. River tuvo más tiempo la pelota, pero no la manejó del todo bien. Por eso su chance más clara en la etapa la generó a través de un tiro de larga distancia. En cambio, la visita cada vez que pisó el área rival lo logró a través de jugadas asociadas, tramadas gracias al trabajo de Enzo Pérez, por derecha, y Darío Villar, por izquierda, y el despliegue del colombiano Martín Arzuaga, quien mantuvo en vilo a toda la defensa de River.
Del otro lado, los millonarios aportaron la solvencia de Augusto Fernández, pero con eso no le alcanzó para abastecer a Ernesto Farías, el único delantero neto que puso en el campo Daniel Passarella.
Si bien la posesión de pelota del local fue mayor, llegó con más asiduidad el equipo cuyano, que a los 17 estuvo cerca, pero Mauro Poy se demoró demasiado y no supo capitalizar un pase en profundidad de Villar. Y seis minutos más tarde el que estuvo cerca fue Arzuaga, quien le robó la pelota al arquero Carrizo, pero el balón se le fue demasiado largo y terminó despejando Paulo Ferrari.
Lo mejor de River se vio dos minutos después cuando entrando por el callejón del 8, Augusto Fernández sacó un balazo que pegó en la parte baja el travesaño y salió despedido hacia afuera.
Pero en la contra cerca estuvo Godoy Cruz, cuando un derechazo a rastrón de Arzuaga se fue cerca del palo derecho de Carrizo.
Godoy Cruz salió decidido a apretar en todos lados en el segundo tiempo y le fue quitando espacios a River. Por lo tanto, poco a poco, el partido se fue tornando ordinario y casi sin llegadas. Recién a los 22 minutos, Ruben intentó una jugada individual en el área, pero su disparo salió paralelo a la línea final. Una prueba de lo mal que se jugó en la etapa final.
Sobre los 30, Farías de taco alargó un pase de Belluschi para que Ruben quedara mano a mano, con Sebastián Torrico quien fue más rápido y se quedó con el balón.
Y diez minutos más tarde un cabezazo de Farías se estrelló en el palo izquierdo del arco mendocino después de que el arquero Torrico hiciera, peligrosamente, vista. Minutos después Enzo Pérez cerca estuvo de la hazaña, pero perdió ante el achique de Carrizo.
Parecía que el empate en cero era clavado, pero Enzo Pérez, la figura de la cancha, recuperó la pelota tras otra falla garrafal de la retaguardia local y le puso un preciso pase al recién ingresado Nicolás Olmedo, quien con un remate bajo y cruzado desató la locura del puñado de mendocinos que llegaron a Liniers. Esa euforia contrastó con el coro de silbidos que llegó de los otros sectores del estadio. Los mismos silbidos que habían despedido a Bellluschi cuando fue reemplazado por Diego Galván, en otra clara muestra de lo disconforme que está la parcialidad millonaria con el equipo, que tendrá que mejorar y mucho en el próximo certamen para restablecer el romance con su gente.