Miércoles 6 de Febrero de 2008 10:10

En vacaciones, curiosidades del idioma

por Prof. Esteban Giménez

La que sigue es una selección de curiosidades propias de nuestro rico idioma. Algunas pertenecen al mundo de la escritura; otras, al de la prosodia y en pocos casos, tienen relación con los contenidos, pero todos ellos encierran conceptos poco conocidos por la mayoría.

 Las palabras ovni y sida, que en el principio fueron siglas, por un proceso llamado lexicalización, adquirieron el valor de palabra y no es necesario escribir O.V.N.I y  S.I.D.A.

Los puntos suspensivos son tres (ni cuatro ni seis) y a continuación de ellos... debe dejarse un espacio.

En los números ordinales (1ª , 2°...), la “a” y la “o” (que no es un “cerito”) se llaman “a volada” y “cero volado”. En los casos en que no se pueden escribir volados, deberá optarse por las formas 1ra., 2do., 4ta., 8vo., etc., pero de ninguna manera usar 1°, 2°, etc. para sustantivos masculinos (1° fecha..., 2° asamblea...).

Y hablando de volada: en la expresión aproveché la bolada, esta palabra debe escribirse con b, pues el giro refiere al tiro hecho con los bolos y no al momento en que los cazadores aprovechan el vuelo de ciertas aves para cazarlas.

La palabra etcétera debe usarse una sola vez por oración (no decir ni escribir “etcétera, etcétera...”) y, en el caso de ser la última palabra de la frase, deberá escribírsela entera y no abreviada.

En español, hay sólo dos palabras terminadas en “ñía”: compañía (que muchos locutores mal pronuncian “companía”) y hurañía (condición de huraño).

La palabrita sic, escrita entre paréntesis luego de la afirmación de una persona, significa así, tal cual, literalmente y se usa para destacar que, por más que parezca una rareza o una barbaridad, la afirmación es cierta.

En la expresión lesa humanidad, la palabra “lesa” significa “lastimada, lesionada”, lo contrario de ilesa.

Las letras b (o be larga o alta) y la v (o ve corta o baja o uve) no deben diferenciarse en su pronunciación pues ambas son bilabiales.

Cuando alguien se recupera de un desmayo o de los efectos de la anestesia, puede decirse “volvió en sí”, pero cuando se trata de uno mismo, habrá que decir “volví en mí”.

En la expresión el fragor de la lucha, la palabra fragor equivale a ruido estruendoso y no a calor, agitación, esfuerzo, etcétera.

El adjetivo carioca se aplica a los nacidos en Río de Janeiro y no a todo Brasil. El seleccionado de fútbol de ese país no es el equipo carioca; el Fluminense y el Flamengo (equipos de Río) sí son cariocas.

Las disculpas no se piden, se ofrecen. Lo que se pide es el perdón.

El dicho “margaritas a los chanchos” es un error de traducción del original “margaritas ante porcos” en el que “margaron” significa “perla” (de ahí viene “margarina”, por el color), pero nada que ver con las flores. Deberíamos decir no dar perlas a los chanchos.

La palabra “cesárea” no es un homenaje a Julio César; al contrario, al emperador romano lo llamaron así porque nació de ese tipo de operación, en la que la palabra “scisura”, en latín, quiere decir corte.

Viernes 4 de Enero de 2008 15:36

La enfermera, ¿estuvo secuestrada en Somalia o en Somalía?

por Prof. Esteban Giménez

El tema de la enfermera argentina secuestrada por guerrilleros en la república africana de Somalia puso sobre el tapete una realidad incuestionable: los medios de comunicación en nuestro país, por lo general “tocan de oído”, es decir, pocos son los profesionales que se preocupan por chequear la forma de escribir (y ni hablar de pronunciar) un nombre. Puede ser el de un actor, un deportista, un gobernante, un delincuente o... un país. Tal es el caso ya mencionado de Somalia, cuya acentuación alterna entre [somália] y [somalía], por suerte con un porcentaje de 70/30 a favor de la primera, que es la adecuada.

 

Ahora bien, ¿cómo hacer para comprobar por qué [somália] es la manera correcta? Hay que acudir al diccionario de la RAE, pero claro, ese diccionario no es una enciclopedia, no figuran en él los nombres de los países. Eso es muy cierto, por lo cual habrá que buscar la definición de la palabra somalí (gentilicio de ese país) y es ahí donde se lee: Natural de Somalia (sin ninguna tilde).

 

Este tema nos lleva a hacer una revisión de otros topónimos (nombres de lugares) en los que muchas veces por influencia del idioma inglés, cometemos errores al momento de escribirlos: debemos recordar, entonces, que Brasil no se escribe Brazil ni Tailandia es Thailandia; que existen las ciudades de Antioquía (en Turquía) y Antioquia (en Colombia), pero ambas no se pronuncian de igual forma: la primera es [antioquía] y la otra [antióquia]. Una de las ciudades más importantes de Australia (pero no su capital) es Sidney que muchos insisten en escribir Sydney, “a la inglesa”. La capital de Finlandia es Helsinki, a la que algunos transforman en Helsinski, agregando una “s” innecesaria. En Bélgica, existe una ciudad llamada Brugge (se pronuncia [brúgue]) que significa “puentes”, pero por similitud fónica con Brujas, terminó por identificársela de esa manera.

 

Existe, finalmente, una gran cantidad de nombres geográficos que han sido castellanizados y, por lo tanto, alternan con las formas originales: Nápoles (Napoli), Florencia (Firenze), Turín (Torino), Támesis (Thames), Pekín o Pequín (Beijing), Bielorrusia (Belarús), Chad (Tchad), Yibuti (Djibouti), Hawai (Hawaii), Costa de Marfil (Ivory Coast), Letonia (Latvia), Mogadiscio (Muqdisho), Birmania (Myanmar), Rangún (Yangón), Reikiavik (Reykiavik, Reykjavik), San Cristóbal y Nieves (Saint Kitts and Nevis), Ceilán (Sri Lanka), Zimbabue (Zimbabwe). En todo estos casos, se recomienda el uso de la grafía que responde a las normas de escritura y acentuación del idioma español.

Lunes 17 de Diciembre de 2007 15:14
HABLAR BIEN

Si no te veo antes... ¡¡felices Fiestas!!

por Prof. Esteban Giménez

 

¿Observaron ustedes que, al llegar a estas fechas, muchas personas comienzan a saludar a familiares y amigos con una especie de “muletilla navideña”? Se trata de una popular fórmula de despedida contenida en la frase Si no te veo... felices Fiestas, ¿eh? Por supuesto, si el saludo se produce en los días previos próximos al 24 ó al 31 de diciembre, es muy poco probable que vuelva a encontrarse con esa persona, pero nos hemos acostumbrado de tal manera a esa fórmula que ya forma parte del léxico de los argentinos (aunque sólo en diciembre). Y tan así es, que casi podríamos decir que dicho saludo ha quedado reducido a un simple “... si no te veo...”.

 

Pero estas Fiestas también ponen de moda palabras y expresiones que forman parte de ese vocabulario propio de Navidad y Año Nuevo. Por empezar, la palabra Navidad que no es otra cosa que una síncopa de Natividad, término al que se le ha eliminado una sílaba interior, tal como sucedió con hilacha (de hilaracha) o fogata (de fogarata). Otro símbolo de la fecha es el nombre de Papá Noel o Santa Claus, deformación de la pronunciación del nombre de Saint Nicholas, en un homenaje a San Nicolás de Bari, que mezcla lo religioso con lo pagano. Y si de manjares se trata, usted se asombraría de saber que la palabra garrapiñada es, en realidad, una deformación de la palabra garapiñada, derivada del verbo garapiñar que significa “bañar una fruta o manjar con un líquido azucarado”.

 

Pero no se asuste, la Academia ya permite que se diga garrapiñada (por asociación con el verbo “agarrar”) con la misma legalidad que si dijera garapiñada. En cuanto a los maníes, debemos tener cuidado de no caer en la vulgaridad de decir manises (o ajises o colibrises). Ya cerca del último día del año, bueno es recordar que para referirse al primer día de 2008, deberemos utilizar la expresión uno de enero (no deberíamos decir primero de enero, porque luego nadie dice segundo de enero, tercero de enero, etc.) o principio de año, pero no primero de año, forma considerada vulgar.

 

En cuanto al bisiesto 2008, recuerde que la Academia aconsejó en 1999 que se diga y escriba enero de 2008 y no del 2008, disposición que va perdiendo la batalla con la forma que impone el uso popular. Y, como regalo navideño de Papá Noel, les dejo los nombres de los renos que tiran de sus trineos (¿en qué otra columna lo iban a encontrar?: Dasher, Dancer, Prancer, Comet, Cupid, Donner, Blitzen, Vixen y... Rodolfo!!, el de la nariz roja.

 

Estimados lectores, mi deseo es que reciban 2008 con paz, salud y trabajo.

 

Y será hasta el año que viene... si no los veo antes, ¿eh?

Miércoles 28 de Noviembre de 2007 09:04

Las callecitas de Buenos Aires tienen... ¡movileros que las destrozan!

por Prof. Esteban Giménez

Y no me refiero a sus vehículos, precisamente. Cuando uno va a comenzar una actividad profesional en un medio cuya terminología no le es muy familiar, lo menos que trata de hacer es ponerse al tanto de los conocimientos elementales del área, para no quedar descolocado ante sus superiores, sus compañeros o el resto de la sociedad, si se trata de una tarea pública. ¿Por qué será, entonces, que una gran cantidad de cronistas y movileros de radios y videografistas de los canales de TV de nuestra ciudad no se toman la molestia de aprenderse los nombres más comunes de los lugares de Buenos Aires o, simplemente, no se compran una Filcar y se la leen?

 

Repasemos: la vía que nos lleva y trae de Ezeiza se llama Riccheri porque así se llamaba el general Pablo Riccheri en cuyo homenaje se la bautizó, pero no es Ricchieri (sobra la segunda “i”, aunque algunos carteles de la Avenida la lleven). ¿Cuesta tanto diferenciar la calle Bernardo de Irigoyen (con “i”) de Hipólito Yrigoyen (con “y”)? Los barrios de La Boca, La Paternal, lo mismo que la provincia de La Rioja no pueden prescindir del artículo: decir y escribir Boca, Paternal y Rioja es un error. Las calles Beruti, Fitz Roy, Berón de Astrada, Méndez de Andés suelen ser escritas Berutti o Berruti (¿doble “t”, doble “r”?), Fritz Roy, Berón de Estrada o Barón de Astrada y Méndez de Andes (¿qué tendrá que ver la cordillera?). Ituzaingó (la localidad y, en consecuencia, la calle) no se llama Ituzaingo (pronunciada groseramente [ituingo], en Carmen de Patagones, Carmen no lleva tilde y Yacyretá se escribe las dos veces con “y”. Muchos desconocen que en el caso del deán Funes, “deán” (que no se pronuncia [din], porque no es inglés) es un cargo eclesiástico que no exige llevar mayúscula pero sí tilde. Y si hablamos de hospitales, hemos transformado al Durand en Durán; al Garrahan en Garraham, al Piñero en Piñeyro o Piñeiro, al Santojanni en Santo Ianni (¡?) y al Vélez Sarsfield en Vélez Sarfield. Todavía ando buscando la Plaza de los dos Congresos aunque alguien que sabe me dijo que en realidad se llama Plaza del Congreso en la que hay un Monumento a los dos Congresos y siempre paso por el Monumento DE los Españoles (regalo de los Reyes de España) al que muchos llaman Monumento A los Españoles. En fin, las callecitas de Buenos Aires tienen... porteños que no las conocen.

Jueves 8 de Noviembre de 2007 00:01
HABLAR BIEN

Y bueno, nada... ¿sí?... digamos... o sea... ¿sí?

por Prof. Esteban Giménez

Todos sabemos que las muletillas forman parte casi inevitable del lenguaje coloquial de los argentinos. Y sabemos también que ellas integran un grupo de errores idiomáticos agrupados bajo el nombre de monotonía, cuyo significado no es solamente “hablar en un mismo tono, aburrido”. No. También se es monótono cuando se carece de términos para incluir en el discurso oral y se repiten vocablos. Es algo muy común entre nosotros utilizar hasta el abuso el verbo hacer y el sustantivo cosa/o. Fíjense que, para muchas personas, todo se hace: hacen una torta, hacen una carta, hacen una casa... en lugar de cocinar, escribir (ni siquiera se exige redactar), construir. Y lo mismo, cuando nos referimos al cosito ese que va en el coso de la cocina... Por supuesto, nadie tiene por qué conocer el nombre técnico de cada elemento, pero muchas veces se abusa de estos términos.

 

Las muletillas, como todas las palabras, tienen su moda: lo que empezó siendo simplemente una eeeeeee alargada, terminó alternando con el esteeee y con el adjetivo bueno, muchas veces utilizado innecesariamente en el comienzo de oración. Hace algunos años, apareció la molestísima digamos, usada hasta el cansancio en medio de cualquier exposición y que casi desplazó a las consabidas ¿no?, ¿no es cierto? (que derivó en ¿no´cierto?), ¿viste? (o lo peor: ¿vistes?) y oraciones más extensas como ¿qué te iba a decir? y no sé si me explico, que terminó sus días reducida a ¿entendés?

 

Más acá, aparecen otras como vale (importada de España); una nacida del mundo de la docencia: ¿sí?, reiterada hasta el cansancio en medio de una explicación (ver la mayoría de los programas de Utilísima).

 

Pero la última moda en materia de muletillas la representan la adolescente boludo (ya sin valor de insulto, incluso diría que con un dejo de afecto), apocopada en bolú (¡qué feo queda en boca de hombres que pasan los 40!, ¿vieron?); el vocativo loco que alterna con fiera; otra española: nada (o na’), que hemos podido apreciar en su forma italiana a través de niente y la más nuevecita de todas: a ver... expresión que suelen usar las personas cuando deben comenzar a hablar sobre un tema que se supone que manejan bien y utilizan con valor de... “¿y ahora, qué carajo digo?”.

 

Todas estas palabras y expresiones, oportunamente incluidas en la oración no tienen nada de malo; lo incorrecto es abusar de ellas, reiterándolas hasta el cansancio y haciendo que quienes están oyendo las noten. Y ese es el síntoma de que estamos transformando esa inocente palabra en una molesta muletilla.

 

Faltan muchas que seguramente nuestros lectores se encargarán de señalar, pero cualquiera de ellas afean nuestro discurso oral y no nos dejan bien parados. No sé si me explico...

Jueves 25 de Octubre de 2007 15:56

¿Señora Presidente o Señora Presidenta?

por Prof. Esteban Giménez

Con esto de las elecciones presidenciales, vuelve a tener vigencia el tema de los géneros en los cargos electivos, particularmente en lo que se refiere a los desempeñados por una representante del género femenino. Que la mujer ha avanzado a merecidos pasos agigantados en nuestra sociedad, nadie lo pone en duda. Lo que pasa es que el idioma español se ha caracterizado siempre por ejercer un marcado machismo en la constitución de su léxico y lo mismo sucedía con ciertas normas gramaticales. Y como ejemplo, valen estas dos: 1) siempre que se busque en el Diccionario palabras que figuran con los dos géneros, prevalece el masculino: bueno, na (aunque alfabéticamente, debería aparecer antes buena que bueno); 2) en una oración con dos o más sustantivos de ambos géneros, siempre prevalece el adjetivo calificativo en masculino y el género es el plural, no importa el lugar que ocupe el masculino respecto del adjetivo: se dice hombres y mujeres trabajadores y no trabajadoras, por más que mujeres anteceda inmediatamente a trabajadores. Como ven, un conflicto de sexos llevado a la Gramática española.

 

Pero, superadas estas diferencias, vale aclarar que desde la Real Academia ha llegado finalmente el reconocimiento a nuestras hermosas compañeras: en el Diccionario oficial, casi todos los cargos ejercidos por mujeres tienen su correspondiente forma en femenino, como corresponde (como ejemplo de excepción podemos citar síndico, que no tiene femenino y se dice la síndico). Entonces, si bien desde hace muchísimo tiempo convivimos con doctora, médica, abogada, ingeniera... ahora también podemos (y debemos) hablar de ministra, diputada, concejala, practicanta y... por supuesto, de presidenta. Alguien podrá objetar diciendo que el cargo que figura en la Constitución es el de Presidente de la República, y eso es cierto, pero nuestra Carta Magna –cuya redacción original data del siglo XIX– tampoco alude a diputadas y senadoras y nosotros siempre las hemos llamado así (nunca escuché a nadie decir la “senador” Cristina Fernández ni la “diputado” Carrió). Queda claro, entonces que para el mayor cargo político de nuestro país, cuando lo ejerza una mujer, hay que referirse a ella como la Presidenta y no con la discordante forma la presidente.

Martes 16 de Octubre de 2007 09:57

El Premio Nobel: ¡¡Otra batalla perdida!!

por Prof. Esteban Giménez

No sé si usted –estimada lectora, apreciado lector– sabe que el premio Nobel fue instituido por el científico sueco Alfred Nobel quien, acuciado por un inevitable complejo de culpa por considerarse responsable de muchas muertes, decidió donar su fortuna para que la fundación que lleva su nombre premiara a los mejores exponentes en Literatura, Medicina, Física, Química y la Paz, a los que posteriormente se agregó el de Economía.

 

Ahora, usted se preguntará “¿qué tiene esto que ver con la columna habitual del Profe? Pues, se trata de la pronunciación… mejor dicho de la acentuación del apellido de don Alfredo: Nobel… al que el noventa y cinco por ciento de los profesionales de los medios pronuncia [-bel], ignorando olímpicamente que en Suecia, a ese señor toda la vida lo llamaron (y hoy siguen haciéndolo) [no-bél]. El origen del apellido es latino, aunque la forma completa era Nobelius, pero en la sociedad sueca de entonces eran mal vistos los apellidos de tal procedencia, por lo que su padre decidió apocoparlo en la forma que hoy conocemos. De manera que, Nobelius (pronunciado [nolius]), se transformó en Nobel (pronunciado [nobél]).

 

Pero… ¿cuál será la razón por la cual nuestros periodistas, cronistas, columnistas, especialistas… se resisten a pronunciar este apellido como corresponde? Si tuviera que intentar una respuesta, la basaría en la existencia del adjetivo novel: “nuevo, sin experiencia”, y como este calificativo se pronuncia [novél], algunos argumentan que para evitar la similitud fónica, se lo diferencia de esa forma.

 

No es una respuesta que me resulte satisfactoria. Yo preferiría que nuestros profesionales se pusieran las pilas y pronunciaran los nombres y apellidos como corresponde, además no se trata de un apellido de origen sajón o germano, ni siquiera chino o coreano… se trata lisa y llanamente de una palabrita de origen latino, lengua que dio al español el setenta y cinco por ciento de su léxico. Por otra parte, no veo cuál es la diferencia entre una acentuación y la otra, ¿por qué no usar la forma correcta?, ¿dónde reside el conflicto?, ¿sabrán realmente cuál es la forma adecuada? Tengo mis dudas.

 

Y dejé para el párrafo final lo más grave de esta columna: cierta vez, en una entrevista telefónica, el director de la Real Academia Española –don Víctor García de la Concha– dialogando con nuestro amigo Chiche Gelblung citó el premio… bel (en lugar de Nobél). Él… nada menos que él… ¡¡el director de la Real Academia!! Al día siguiente envié una pregunta al respecto a la casilla de “consultas lingüísticas” de la RAE. ¿La respuesta? Me da vergüenza ponerla.

Martes 25 de Septiembre de 2007 16:03

Algunos periodistas deportivos hablan mal... ¡por deporte!

por Prof. Esteban Giménez

En los últimos años, el periodismo deportivo ha incrementado notablemente su campo de acción, es decir, hay muchos medios más dedicados a esa actividad: radios comunitarias, canales de TV regionales, publicaciones zonales... Lamentablemente, ese incremento no se vio correspondido con el mismo interés  por la preservación de las normas de uso del español. Es común escuchar a periodistas deportivos diciendo que la Selección entrenó en Ezeiza, Boca concentró anoche... Arsenal clasificó... en lugar de las formas correctas la Selección “se” entrenó en Ezeiza, Boca “se” concentró anoche... Arsenal “se” clasificó, porque todos estos verbos son reflexivos y necesitan la presencia del pronombre (curiosamente, nadie dice Alexis Sánchez lesionó, en lugar de se lesionó; acá sí utilizan el “se” porque lo consideran imprescindible, qué raro, no?)

 

Otros de los lugares comunes es el uso de expresiones como en esta fecha hubieron pocos goles... o hubieron muchos expulsados, ignorando que el verbo haber es impersonal y debe decirse hubo un solo gol/hubo muchos goles; hubo un solo expulsado/hubo muchos expulsados.

 

Una de las expresiones típicas es Newell’s y Olimpo están en la lucha por el descenso, como si los equipos lucharan por descender, en vez de Newell’s y Olimpo están en la lucha por no descender o ... en la lucha en la zona del descenso.

 

Si de redundancias se trata, se destacan hace dos torneos atrás, por hace dos torneos o dos torneos atrás y la terrible se van a adicionar tres minutos más, por se van a adicionar tres minutos o se van a jugar tres minutos más.

 

Finalmente, existen palabras que suenan distintas para los periodistas deportivos: para ellos los meniscos son meñiscos; la revisión médica es revisación; al dirigente de Boca Pompilio (sí, así: l-i-o), lo llaman Pompillo (y claro, lo pronuncian [pompíyo] y, cuando falte poco para la finalización del Apertura, dirán que Independiente (o Boca o San Lorenzo o Tigre –por qué no?–) está para campeonar, en vez de ... para salir campeón.

 

Muchachos, están transformando la práctica de hablar mal en un peligroso... deporte.

 

Prof. Esteban Giménez

Miércoles 19 de Septiembre de 2007 15:35

Moria, Tinelli y Gerardo... ¡mucho rating y poco idioma!

por Prof. Esteban Giménez

No soy enemigo de los extranjerismos. En realidad, en la mayoría de los casos, con el tiempo terminan por imponerse y se incorporan al uso coloquial. No nos olvidemos que términos como fútbol, cheque, espagueti, garaje... en su momento, fueron  extranjerismos y se los escribía entre comillas o con letra bastardilla (foot-ball, check, spaghetti, garage...), para destacar que eran vocablos provenientes de “otras lenguas”.

 

Lo que sí me molestan son esas voces que usurpan el lugar de palabras de la más auténtica estirpe castellana y que se incorporan al vocabulario de los argentinos con una preocupante facilidad: sponsor, en lugar de patrocinador, auspiciador, aval, fiador, garantía (¿vieron cuántos equivalentes?); target, por objetivo, destinatario, finalidad; performance, en vez de actuación, desempeño, rendimiento. Y, en este caso, con una agravante: la dificultad de algunas personas para pronunciar y –sobre todo– acentuar correctamente esta palabra.

 

Como es un término de origen anglo-francés, admite que se lo pronuncie acentuando “a la francesa”: [performáns] o a la inglesa: [perfórmans]. Lo que no acepta es que se lo pronuncie “a la criolla”: [performánce], simplemente porque no ha sido castellanizada, aunque Gerardo Sofovich haya dicho que sí. Y mucho menos aceptable es tener que seguir oyendo a Moria con su irritante [pérformans], en una esdrujulización innecesaria del término.

 

Ya bastante nos costó acostumbrarnos a convivir con coreo (apócope de coreografía), jugada (por una “coreo” audaz) y lookeado (por maquillado o vestido).

 

Y hablando de extranjerismos: ¿quién le dijo a Marcelo Tinelli que el nombre del Jive, ritmo bailable de los años 50, se puede pronunciar ­–indistintamente– [yáiv] o [yiv]? NOOOO!!! Eso se pronuncia [yáiv]. Y nada más. Nada de [yiv]!! Eso es lo mismo que decir que boogie no se pronuncia [gui], sino [bo-ogui].

 

No se puede improvisar, sobre todo, en lenguas que no son la propia, en la que por otra parte, nuestros mediáticos no son muy duchos.

 

 

 
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Autor de cuatro libros dedicados al correcto uso del español, el Profesor Esteban Giménez incursiona en "Cómo lo pronuncio", en la fonética de más de veinte idiomas. con