Cuando me preguntan de qué se trata el Feng Shui, siempre me quedo dudando un instante, y luego me doy cuenta que la respuesta nunca es la misma en los diferentes casos. Esto ocurre porque se trata de una disciplina muy amplia que abarca muchos aspectos de la vida, pero siempre en relación a los espacios.
En una definición muy sintética, yo diría que es el estudio de la influencia psicológica de los ambientes en la vida humana. También, el respeto de las leyes de la naturaleza en nuestras construcciones. En definitiva, cuanto más nos alejamos de esas leyes naturales, generamos más sufrimiento y enfermedad, y a la inversa, cuanto más nos acercamos a ellas, más plena es nuestra vida.
Ustedes se preguntarán cuáles son esas leyes, y cómo se aplican en una casa, o en un negocio, o en una empresa… Bueno, eso es Feng Shui.
La más importante de esas leyes es el equilibrio, el balance entre formas, colores, aromas, sonidos, formando entre sí una composición armónica y dinámica, donde el chi (energía) circule libre y suavemente.
Cuando es así, nuestra vida tiene un buen centro, las dificultades no nos obsesionan. Podemos resolver las cosas con serenidad, sin desesperar. En cambio, cuando este equilibrio no existe, cualquier cosa que sucede nos “saca de las casillas”, no podemos ver más allá del problema y obstaculizamos su solución generando además muchos problemas asociados que podrían evitarse.
Los miedos, la ansiedad, la depresión, son todas situaciones asociadas con este desequilibrio. De la misma manera que decimos “como es adentro es afuera”, cuando equilibramos esta energía en el espacio donde estamos, también la estamos equilibrando en nuestro mundo interno. De esto se deduce fácilmente que este antiguo arte puede ser una herramienta de crecimiento muy efectiva, y de hecho lo es, en nuestro camino hemos podido comprobarlo en muchísimos casos.
Históricamente, el Feng Shui tiene más de 10 mil años de historia. Se originó en una cultura en los Himalayas, que vivía en estrecho contacto con la naturaleza. Luego se desarrolló en monasterios tibetanos, los Shaolin, para más tarde recién pasar a la China, adquiriendo la cultura confucionista e integrando estos conocimientos. Recién hace unos 30 años se abrió esta disciplina a Occidente, donde se difundió con mucha velocidad, casi diríamos que masificándose este conocimiento.
En nosotros está el aprovechar esta valiosísima herramienta que, en tiempos de crisis, facilita nuestro camino, llevándonos, después de tantos años de una cultura tecnificada y alejada de la naturaleza, a la verdadera conciencia de ser parte de este planeta. Y esto sin dejar de lado los logros magníficos que hemos alcanzado.
Bueno, esperamos que esta información les sea útil, y que el camino en su vida sea pleno, y lleno de satisfacciones. Bienvenidos a la aventura del cambio, y hasta la próxima.