Mauro Szeta
Mauro Szeta
La buscaron 16 días. Su paradero era incierto. Se temía lo peor. Por coincidencia, o por milagro, a Mía la rescataron el día de la Virgen.
Fue en la localidad Fernando de La Mora, a unos 10 kilómetros de Asunción, Paraguay.

La beba, de 4 meses, había sido dejada por su padre en la casa de una tía.

El padre, Domingo Evaristo Montiel Arias, no aparece. Lo buscan con captura internacional acusado de haber asesinado a puñaladas a su mujer, Estela Martínez, la madre de Mía.

El crimen, con poca difusión mediática y opacado por la política de coyuntura, fue en la villa 31 Bis. En un clásico espiral de violencia de género, Montiel Arias terminó matando a su esposa tras someterla a lo largo del tiempo a constantes tormentos.

El cuerpo de Estela lo encontró otro de sus hijos de 19 años. Allí supieron que el asesino había escapado con la beba. Empezaba una búsqueda contra reloj.

De arranque se sospechó que Montiel Arias había escapado con la beba hacia Paraguay.
Es más, el lugar del crimen está a cinco cuadras de la terminal de Retiro.

La sospecha se hizo certeza. Una investigación de la División Homicidios de PFA y de Interpol Paraguay encontró a Mía en la casa de la hermana del asesino.

La beba mostraba secuelas de su abandono. El dictamen médico fue bronquiolitis, picaduras y alimentación a base de leche de ordeñe.

Ahora es turno de recuperar a la beba y de establecer quién se hará cargo de su tenencia.

En paralelo sigue la búsqueda del asesino. Hay preguntas que repican. ¿Cómo hizo para pasar la frontera con la beba en sus brazos? ¿Salió por un paso regular con la beba escondida o eligió pasos clandestinos?

Lo concreto es que Mía esta viva, lo que no es poco.