Empleados de Cresta Roja impiden a los turistas acceder a la terminal aérea, quienes deben caminar por la autopista Ricchieri con su equipaje para evitar perder el vuelo.
Los turistas que deben tomar un avión en el aeropuerto internacional Ministro Pistarini viven una verdadera pesadilla por estas horas, ya que deben caminar varios kilómetros con sus valijas por la autopista Ricchieri debido a que una protesta interrumpe el tránsito en el acceso a Ezeiza.

Muchos de los pasajeros caminan debajo del sol con sus maletas y sus niños para poder llegar a horario y no perder el vuelo.

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La protesta la protagonizan los trabajadores de la avícola Rasic Hermanos, que vende los pollos "Cresta Roja", quienes por tercer día consecutivo reclaman el pago de sueldos adeudados y un auxilio económico para salvar la empresa.

La protesta hacía colapsar el tránsito en la zona y se formaban largas filas de automovilistas que buscan llegar a la terminal aérea de Ezeiza.

"La medida es por tiempo indefinido, queremos que se nos paguen las dos quincenas adeudadas y que el Estado, ya sea el nacional o el bonaerense, gire fondos para reactivar la empresa porque no hay alimento para las aves", dijo el delegado gremial de los operarios Cristian Villalba.

En noviembre, los trabajadores de Rasic Hermanos, intervenida por la administración provincial saliente, realizaron cortes de avenidas y autopistas en reclamo al gobierno bonaerense del restablecimiento del envío de fondos para alimentar a las aves, luego de haber tenido que sacrificar 9 millones de pollitos por mala nutrición.

La empresa avícola, con dos plantas de faena en el partido bonaerense de Ezeiza y granjas de reproductores en la región, comenzó a tener serios problemas a fines de 2013, cuando acumulaba una deuda cercana a los 1.200 millones de pesos. En 2014, se presentó en convocatoria de acreedores y, en marzo de 2015, estuvo a punto de cerrar por los conflictos gremiales que derivaron del intento de sus dueños de reducir 30 por ciento la plantilla de personal, que totalizaba unos 3.000 trabajadores.

El por entonces gobernador bonaerense, Daniel Scioli, ordenó una intervención, que estuvo precedida de gestiones encaradas por Alejandro Granados, su ministro de Seguridad y hombre fuerte de Ezeiza.

Desde septiembre último, quedó a cargo de la compañía un interventor avalado por la Justicia, el dirigente kirchnerista de Quilmes Daniel Gurzi, quien contó con un fallido salvataje económico del Estado provincial.