Las repercusiones mediáticas del conflicto sentimental entre Benjamín Vicuña, "Pampita" Ardohain y la "China" Suárez, nos llevan a pensar por qué somos tan consumidores del malestar ajeno y qué es lo que tanto nos atrae de las miserias de los "famosos".

El filósofo griego Platón tenía una concepción de la realidad bastante compleja y llamativa, tanto que para explicarla debía recurrir a cuentos o alegorías a fin de hacer más clara su cosmovisión. En resumidas cuentas lo que este pensador consideraba era que la existencia se dividía en dos mundos: uno real, verdadero y perfecto que era el de las "ideas", y otro ficticio e imperfecto al cual denominaba "mundo de las cosas".

Paradójicamente, lo que nosotros tomamos como tangible y más próximo a lo real, es para Platón, una copia inacabada de lo que verdaderamente es: podemos entenderlo como la sombra de un elefante que nos aproxima a lo que es pero claramente no nos hace conocer al animal en sí. Para dar mayor luz a estas categorías, este filósofo creó la famosa "Alegoría de la Caverna", un cuento que narra la historia de unos hombres que vivieron toda su vida retenidos dentro de un hueco donde se proyectaban imágenes, creyendo estos que lo único existente era lo que sus cadenas le permitían ver; un día uno de ellos logró liberarse y así conocer su situación real, hasta alcanzar el exterior y percatarse de que su vida había sido una entera ilusión, lo cual lo motivó a volver para liberar a sus compañeros quienes, incrédulos, lo asesinaron.

china suarez benjamin vicuña pampita
En esta historia, nosotros seríamos los hombres encadenados que creemos que esto que vemos y tocamos es la realidad, cuando no es más que la proyección de lo real en sí que es el exterior, aquel mundo donde habitan las ideas y al cual debemos buscar permanentemente para conocer la Verdad. Pero ¿qué tiene que ver toda esta filosofía con el caso de Pampita y Suárez? Pues bien, más allá de si Platón tenía razón o no, podemos afirmar que como sociedad hemos constituido frente al mundo del espectáculo una suerte de dualidad platónica en donde el "mundo ideal" está constituido por todas aquellas personas famosas que salen en televisión o en diversos medios y que son popularmente reconocidas, mientras que por el otro estaría el "mundo de las cosas" que es donde habitaríamos el resto de los mortales "sin fama".

pampita y vicuña
Es por esto quizás que, cuando emergen casos como el mencionado donde personajes de este supuesto plano ideal se muestran totalmente vulnerables y terrenales, son consumidos por voracidad por el resto de las personas.

Es decir, si bien se percibe esta tendencia a escindir el ambiente "de la farándula" del resto de la existencia, también es cierto que parte del éxito y la popularización de este ambiente resulta de la identificación de los sujetos con aquello que consumen de la pantalla. Así como para Platón un objeto es mejor o peor conforme al grado de participación con la idea (cuánto se parece a ella), hoy por hoy un producto televisivo será más o menos aceptado en función de cuánto logra comprometer emocionalmente a sus televidentes o qué tan alto es su factor de identificación.

En este sentido, lo ocurrido con Pampita, su marido y la actriz vendría mostrar una enorme identificación entre lo que sucede en el mundo de las cosas con lo que acontece en el mundo de las ideas, algo absolutamente llamativo e incluso "atractivo" para muchos.

Sin embargo nos podemos preguntar si sólo tuvo tanta repercusión el caso porque se deja en evidencia la humanidad de los famosos implicados. Intuitivamente entendemos que tal vez no haya sido sólo eso, si no que hay algo más implicado en todo este asunto y que tiene que ver con esa atracción morbosa que genera el mal ajeno. ¿Por qué sentimos placer al ver el sufrimiento amoroso de los otros?

Así como Aristóteles sostenía que en la tragedia experimentábamos la catarsis al sufrir con los protagonistas, expeliendo nuestras emociones, quizás lo que suceda es que al adentrarnos en esta ruptura somos capaces de identificarnos con los roles que cumple cada uno y así "tomar partido" y emitir juicios morales como si nos estuviera pasando a nosotros.

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Pero puede ser también que esta atracción es simplemente la reacción por la vida vacía y carente de sentido que llevamos adelante, donde nada logra satisfacernos ni darle un para qué a la vida, por lo que necesitamos estar pendiente de lo que los otros hacen para alienar nuestras mentes sin no pensar en nuestra situación y también para sublimar nuestras culpas y bajezas escondiéndonos en el fútil argumento de que "a los exitosos también les pasa".

Así pues, pareciera difícil que nuestra sociedad esté en condiciones a esta altura de poder delimitar de lo que es teatro, televisión, ficción o realidad: el mundo del espectáculo se ha "cotidianizado" y el mundo de lo cotidiano se ha "espectacularizado"; si bien ambos mundos permanecen en una constante lucha de tensión y relajación, los límites se vuelven difusos. ¿Cuánto pasará para que nuestras vidas sean regidas por la lógica televisiva? ¿O acaso ya estaremos siendo partícipes del show y aún no nos hemos dado cuenta?