Mauro Szeta
Mauro Szeta
Hay por lo menos un punto que no tiene explicación lógica en la investigación que se sigue por el asesinato de Mirtha Beatriz Avancini, de 53 años, en Colegiales.

Desde el jueves, un oficial de policía no tenía noticias, ni contacto con su hermana Mirtha, de profesión kinesióloga.

Entonces decidió buscarla, primero, en su departamento de la calle Palpa al 3500. Cuando entró, llave en mano, no encontró a la kinesióloga, pero detectó un departamento revuelto, con desorden.

Lo cierto es que ante la ausencia de su hermana, el oficial y personal de la comisaría 37ª fueron al consultorio de la mujer en la calle Céspedes 3400, muy cerca de la casa.

Cuando entraron, encontraron a la profesional brutalmente asesinada.

Los primeros indicadores revelaron que el cuerpo yacía en el baño. La mujer tenía las manos atadas hacia atrás, y los pies también atados.

Su cabeza la cubría un trapo. El cuerpo estaba entre el bidet y el inodoro. El informe forense concluyó que la asfixiaron con una gaza.

El caso sumó misterio cuando se descubrió que el mismo jueves de la desaparición de la profesional, delincuentes habían cometido un robo muy violento en su edificio en el mismo piso. Su departamento, de hecho, estaba todo revuelto, pero ella no alcanzó a contarle a nadie que había sido víctima de un robo.

Ahora surge una pregunta: ¿los criminales la atacaron en su consultorio, y con la llave, luego, le desvalijaron el departamento?

¿La kinesióloga conocía al criminal? Mucha violencia, mucha saña, muchas preguntas sin resolver.