Mauro Szeta
Mauro Szeta
El jueves se anunció que los tres fugados del penal de Alvear estaban acorralados, cercados, al caer. Se mencionaba que estaban ocultos en una casa o en un auto en una zona poblada del sur del GBA. El propio ministerio de Seguridad provincial lo anunciaba públicamente.
Las horas pasaron y de cercados, se pasó a un comunicado en el que se señalaba que los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, estaban siendo buscados por todas las fuerzas, pero no se podía poner plazos para su recaptura.

En el medio pasó de todo, los tres fugados acribillaron a tiros a dos policías en un control en la ruta 20, en Ranchos. Una camioneta Ranger como la usada en el ataque apareció incendiada más tarde en Bosques, Florencio Varela. Apareció la ex de Cristian Lanatta y aseguró que dos veces -lunes y jueves de la semana pasada- el evadido se presentó en la casa de la ex suegra y se apropió de dinero y de una camioneta para seguir la fuga.

Nada cierra en la fuga. Nada. Ni cómo dicen que fue, ni lo que pasó después. En el medio, el escape está atravesado por acusaciones cruzadas. Desde el gobierno provincial culpan a Aníbal Fernández y a policías desleales a la nueva gestión de estar detrás de un escape acordado.

Aníbal Fernández y parte del gobierno nacional saliente salen a responder y dicen que la fuga es "un regalito" del Grupo Clarín y Cambiemos a los Lanatta y compañía por la denuncia que hicieron ante Jorge Lanata culpando al ex jefe de gabinete de estar detrás del negocio de la efedrina y de la masacre de General Rodríguez. Lo concreto es que la búsqueda no tuvo resultados contundentes.

Se detuvo al "Faraón", amigo de los fugados, acusado de proveer armas y dinero a los evadidos. Se apresó a un penitenciario de apellido Tolosa, acusado de entregar la fuga, pero luego se lo liberó. Y ahora, le tocó la cárcel a Marcelo Mallo, un conocido de los fugados, porque cuando allanaron su casa encontraron armas ilegales.

Desde el gobierno provincial de Cambiemos se dice que la recaptura se complica porque hay policías desleales que juegan para los evadidos. Pasan las horas, y de los prófugos, nada de nada.