La jornada del lunes fue la más breve de su historia, al entrar en funcionamiento unas nuevas normas por las que, en caso de caídas como las ocurridas ayer, superiores al 7 por ciento en el selectivo mixto entre firmas de ambos parqués CSI 300, la cotización se suspende automáticamente hasta el día siguiente.

Vistos los resultados de hoy, parece que el nuevo sistema cumplió con su función de dar tiempo para pensar a los accionistas (casi el 90 por ciento en China son inversores individuales sin especiales conocimientos financieros, por lo que ambos mercados son muy volátiles), y así las caídas de ayer no se vieron repetidas hoy.

Ayer Shanghái se desplomó un 6,85 % y Shenzhen otro 8,16 %, pero hoy, aunque en el primer minuto de la sesión hubo también fuertes descensos momentáneos, enseguida se corrigió la tendencia e incluso al final de la mañana Shanghái llegó a registrar, a media sesión, un 0,41 % de ganancias.

Ambos parqués regresaron enseguida al territorio negativo, nada más comenzar la sesión vespertina, donde permanecieron durante el resto de la jornada, y aunque llegaron a caer de nuevo cerca de un 3 por ciento durante la tarde, se recuperaron en el último tramo del día y cerraron con pérdidas muy moderadas en comparación con ayer.

La clave está en los desplomes que vivieron los parqués chinos en julio y agosto pasados, cuando llegaron a contagiarse a otros mercados mundiales, pese a que la inversión extranjera en las bolsas chinas está muy limitada.

El regulador bursátil chino obligó entonces a los grandes accionistas (con el 5 por ciento o más de los títulos de una empresa en cotización) a retener todas sus papeletas durante un plazo de seis meses que termina este viernes, día 8, por lo que a partir del lunes 11 habrá casi un billón de acciones que volverán a ser libres.

Esto no significa que se vayan a vender todas, por supuesto, y hoy la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China (CRMV) reiteró que es muy improbable que haya ventas masivas de acciones.

Según explicó un portavoz de la CRMV, es cierto que hay cerca de un billón de títulos en manos de grandes accionistas a los que el regulador prohibió su venta, el 8 de julio pasado, como medida para frenar los graves desplomes que sufrían los parqués chinos en aquel momento, dentro de un plazo de seis meses.

La medida se aplica sólo a "grandes accionistas" (los titulares del cinco por ciento o más de las acciones de una compañía), que no podrán desprenderse de ellas hasta que se cumpla ese plazo y vuelva a abrir el mercado, es decir, hasta el próximo lunes 11.

Aun así, ayer muchos accionistas individuales -que aunque apenas tienen el 30 por ciento de las acciones en Shanghái y Shenzhen, sí mueven tres cuartos de las transacciones diarias, por lo que influyen mucho en los precios-, quisieron anticiparse y empezaron a vender.

Su intención era recoger ganancias antes de que los precios caigan, según sus espectativas, la semana que viene, y eso provocó las abruptas caídas de ayer, que no fueron más profundas porque lo evitó la nueva normativa que se estrenaba ayer precisamente, que cerró los mercados 92 minutos antes de lo habitual.