Federico Mana
Federico Mana

La fuga y posterior captura de Schillaci y los hermanos Lanatta puso en relieve un concepto que si bien se lo utilizó siempre en una de sus posibles variantes, puede bien aplicarse a nuestra vida de todos los días: el "escape" o la "fuga".

¿Cuántas veces en nuestra vida hemos querido escapar de la realidad que nos atraviesa? ¿Qué cantidad de veces se nos ha pasado por la cabeza huir y dejar todo atrás para enfrentar una nueva existencia lejos de los problemas que nos agobian? Al parecer la fantasía de la fuga está constantemente presente en los individuos quienes, abatidos por las presiones y las responsabilidades, sueñan diariamente con liberarse de todas las ataduras sin que estas puedan ser capaces de perseguirlos.

Ahora bien, si permanece como idea recurrente en gran cantidad de personas, ¿por qué el concepto de "escape" suele ser interpretado como algo negativo? Primordialmente solemos tomar a esta categoría como la acción de evadirse de aquel lugar en donde estamos o de aquellas cuestiones que debemos cumplir. El escape entonces es visto como una salida "fácil" que, más que resolver los conflictos, los elude de manera ficcional, prolongando a largo plazo el sufrimiento que se buscó evitar.

No obstante ello, el uso que nuestra sociedad hace de este término es bastante contradictorio: por un lado está mal huir de las responsabilidades propias, pero por el otro está bien buscar pequeños momentos de escape para salirse brevemente de la rutina y así "tomar energías" para continuar con las obligaciones. Asimismo, se van constituyendo prácticas que buscan aislarnos de la realidad aunque sea por unos instantes, prácticas que bien podemos denominar "alienantes".

En este sentido toda práctica que tienda hacia el olvido del presente o la pérdida de noción de lo que acontece en nuestras vidas puede denominarse de tal forma. Podemos afirmar de hecho que la alienación está a la orden del día en nuestro devenir cotidiano, a tal punto que nos cuesta distinguir cuál práctica es enajenadora y cuál no.

Así entonces escaparse se ha vuelto en un ejercicio cotidiano, tal vez para soportar una vida que no deseamos pero nos han impuesto o tal vez porque nos lo han impuesto y no hemos sido capaces de contraponernos a ello, viviendo de esta forma una escena que bien podría extraerse de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley en donde el soma (una droga que genera placer sin efectos secundarios) es la piedra basal para mantener un pueblo calmo, dócil y supuestamente feliz.

En este sentido, no es casual que el caso de los tres prófugos haya tenido tanta repercusión; no sólo fue el contexto político el que hizo atrayente al hecho, si no que también fue la identificación de las fantasías escapistas de los espectadores con los criminales.

El prófugo se transformó así en la figura "heroica" de quien pudo huir, aunque más no sea por un corto lapso, de su contexto opresor, guiándose por una supuesta libertad autogestionada. La gran paradoja de esta sociedad del escape es que los sujetos creen que en la fuga está su libertad y no se percatan de que, en muchas ocasiones, son esos mecanismos de alineación los que los mantienen atados.

En definitiva, escapar se ha transformado en una falsa utopía, ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo, un bien preciado, una meta a alcanzar.

Hasta tal punto se da esta situación que ya ni siquiera sabemos de qué queremos huir, deseamos hacerlo sin más, porque entendemos que si bien carga una connotación negativa dentro de un discurso políticamente correcto es, en definitiva, el deseo que pareciera arder en las profundidades de las conciencias de todas las personas: fugarse de su entorno, desconocer las responsabilidades que las apesadumbran.

¿Hay salida para esta situación o buscar una salida no es más que seguir escapando? ¿Debemos erradicar la fantasía de la fuga o amigarnos con ella a sabiendas que se trata simplemente de eso, una "fantasía"?

Quizá la verdadera pregunta sea cuestionarnos acerca de qué estamos queriendo escapar con tanta urgencia ¿será de la soledad, de la falta de sentido o será del miedo que nos provoca admitir que jamás podremos renegar de nuestra libertad y nuestra responsabilidad a la hora de decidir qué hacer con nuestra vida?