Mauro Szeta
Mauro Szeta
Los prófugos fueron recapturados. Ahora será el turno de las indagatorias. Sin embargo, el escape tiene mucho misterio por develar.
Está claro que el escape fue la suma de voluntades. Ya hay un penitenciario preso y dos policías bajo sospecha. Es más, uno de esos policías, de apellido Julián, aparece ofreciendo "banca" al Faraón Melnyk, a dos días de la evasión.

El dato no es menor. Melnyk está detenido como partícipe primario de la fuga. La sospecha del fiscal Cristian Citterio es que el acusado aportó armas, dinero y autos a los evadidos Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schillaci.

El 29 de diciembre el comisario Julián, -fue jefe de la comisaría de Ezpeleta- ahora estaba con nuevo destino en Almirante Brown, le ofrecía a Melnyk "banca". ¿Qué clase de banca? ¿Era su intención ayudar a los fugados?

Pero hay más, una oficial de la DDI de Quilmes también está sospechada de "haber jugado para atrás" en la pesquisa por el escape. O mejor dicho: está acusada de ayudar a los evadidos, no investigando o sembrando pistas falsas. Toda la DDI de Quilmes fue desplazada del caso.

A nivel penitenciario, el oficial César Tolosa está detenido por permitir la fuga de los condenados desde el penal de Alvear. En su defensa, Tolosa apuntó a sus superiores como las personas que tenían confianza y connivencia con los evadidos.

Así las cosas, en la causa por el escape están detenidos como partícipes necesarios de la evasión amigos de los evadidos y hasta la suegra y el hermano de dos de ellos.

La pregunta que nadie responde es si realmente detrás del escape hay una organización narcocriminal capaz de financiar la evasión. El juez federal Sergio Torres investiga esa hipótesis.
En esta línea, el gobierno nacional y el provincial están convencidos que el escape fue posible por la cobertura de narcos, policías corruptos y hasta políticos.

Lo cierto es que la forma de caída de los prófugos dista bastante de una superestructura narco. Martín Lanatta cayó por pedir agua tras un choque, y los otros dos aparecieron cansados y desesperados en una arrocera donde lo único que le exigían a un rehén era comer.

También quedará la duda eterna sobre las recapturas anunciadas que no fueron tales. ¿Es cómo dice el Gobierno que alguien dio información falsa para darle ventaja a los evadidos? ¿Se trató de un error de comunicación? ¿Estuvieron detenidos antes Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, y los dejaron ir? Una investigación interna podrá develar el misterio. Y hay más. Como si fuera poco, la ministro Patricia Bullrich admitió que se cruzó con Martín Lanatta en el aeropuerto. Primero dijo que la información de lo que había pasado era reservada y no la podía dar. Luego, limitó todo a haber efectuado una pregunta sobre el estado de salud del detenido.

Falta saber qué declarará cada uno de los recapturados. ¿Irán por el relato ya adelantado por su entorno? Las familias dijeron que a los Lanatta y Schillaci los obligaron a escapar y que si no lo hacían aparecían muertos. Eso no pasó. Aparecieron vivos. ¿Fue una fuga en dos etapas? ¿Hasta que salieron del conurbano, se movieron "con banca" y sembraron pistas? ¿En Santa Fe, quedaron solos?
Una fuga, muchas dudas, mucho por aclarar.