El convenio firmado por la anterior gestión de Aerolíneas Argentinas junto a SOL Líneas Aéreas fue rubricado en septiembre de 2015. Tenía una duración de cuatro años y, como objetivo, lograr mayor conectividad para los vuelos internos.

El documento oficial se basaba en la Ley 26.466, que establece que Aerolíneas Argentinas tiene como función "garantizar el servicio público de transporte aerocomercial de pasajeros, correo y carga así como el mantenimiento de las fuentes de trabajo". Además aclara que la línea de bandera tiene la función de garantizar la conectividad aérea, pero a la vez debía hacerlo de la forma más eficiente posible a los efectos de minimizar las necesidades financieras a cubrir por el Poder Ejecutivo.

Uno de los fundamentos era que, como el país es extenso con una densidad de población heterogénea y ante la necesidad de garantizar rutas, se necesitaba utilizar módulos más pequeños en donde la afluencia de pasajeros era menor. Especificaban que resultaba muy costoso enviar el avión más chico que tiene AA, un Embraer 190 con 96 asientos, a destinos donde la oferta no era suficiente.

"Para poder desarrollar el tráfico aéreo en los mercados de baja densidad resulta necesario un módulo más pequeño que permita cubrir dichos destinos a un costo por vuelo menor que el de un E190", cita el contrato.

Así, "la alternativa que resulta más práctica es la cobertura de estas rutas por otra compañía que opere en forma subsidiaria de Aerolíneas Argentinas". Es ahí donde eligen a SOL, con quien ya tenían un acuerdo de códigos compartidos desde 2013 y que había pasado una auditoría realizada por técnicos de AA.

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