Alejo Santander
Alejo Santander
El encuentro tenía todos los condimentos, el capo narco más buscado y un actor de Hollywood que lo iba a entrevistar en la clandestinidad. Tan buena era la historia, que se les olvidó pensar en la entrevista.
Hace una semana exactamente todos nos desayunamos con la noticia de que a Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera lo habían entrevistado Sean Penn y Kate del Castillo. La primera nota que leí era del New York Times contando que el actor estadounidense y la actriz mexicana habían logrado encontrarse con el capo narco más buscado del mundo, y lo segundo que leí fue la nota original que había publicado la Rolling Stone, y que decía, palabras más, palabras menos: absolutamente nada.
Todos los periodistas del mundo odiamos esta semana a Sean Penn
Sean Penn atravesó medio mundo, usó teléfonos celulares irrastreables, "blackphones", dejó mensajes en los borradores de casillas de correo anónimas, para sentarse frente al entrevistado más deseado del planeta y hacerle una entrevista horrible.

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Una entrevista que de principio a final se disolvió en párrafos que iban de relevantes a muy relevantes. El mejor marco del mundo para una página en blanco. Solamente voy a dar un ejemplo de la charla que My Name is Sam y La Reina del Sur, tuvieron con el hombre que en 2014 admitió haber matado a entre 2000 y 3000 personas:

-¿Usted se considera un hombre violento?
-No señor.

Listo, pasamos a la siguiente pregunta. Me quejé como hicieron muchos periodistas que escribieron columnas indignados y uno en particular, el español Diego Fonseca, contactado por gente de Guzmán para escribir la biografía del capo narco y que estaba en tratativas para un encuentro, tituló un artículo para el diario El País de España con: "Maldito seas Sean Penn". Y no era para menos.

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Yo leí la entrevista, los artículos sobre la entrevista, los fragmentos y declaraciones de Penn en 60 Minutos hablando de la entrevista, y hasta escuché al propio Penn decir que la entrevista había sido un fracaso. La situación no podía ser peor, hasta el responsable de que fuera un fracaso estaba de acuerdo.

Todos los periodistas del mundo odiamos esta semana a Sean Penn. Pero cuando fueron pasando lo días, también pensé: ¿Por qué el narco más buscado le va a dar una entrevista a alguien que lo ponga en problemas, que le pregunte cosas importantes, si ni siquiera a la gente común le gusta hacerse preguntas importantes? ¿Por qué Sean Penn tendría que saber ser periodista? ¿Le hubieran dado la entrevista si no fuera Sean Penn? ¿Si usted fuera Sean Penn y le ofrecían la entrevista hubiera dicho que no?

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Y estaba a punto de exonerarlo, de justificarlo, de perdonarle todo al protagonista de Mystic River, cuando me acordé de David Frost.

NO LE PIDAS DAVID FROST A LOS SEAN PENN

Frost era un periodista estadounidense "poco serio", un comediante, un mediático, al que justamente por eso, por considerarlo un tarado, Richard Nixon le dio una entrevista.

Nixon venía de renunciar a la presidencia de los Estados Unidos por el escándalo de Watergate y pensó que una charla con el presentador más inofensivo de la tele era lo que necesitaba. Cuestión que Frost se preparó para el encuentro como para una olimpiada, y puso tan contra las cuerdas al ex presidente, que esa entrevista quedó para la historia del periodismo y hasta hicieron una película sobre el asunto.

Frost Nixon
Así que maldito seas Sean Penn, como dijo Fonseca, yo no te exonero nada. Y en eso pensaba hasta hace un rato que vi el programa completo de 60 Minutos en la CBS que se estrenó el domingo, con la entrevista que le hicieron. Ahí admitó que su reportaje, el que pudo ser histórico, fue un fracaso, y para peor nadie le dijo lo contrario.

Fue cuando lo vi ahí sentado en el programa más visto de Estados Unidos casi con vergüenza de lo que había hecho, como dando explicaciones, que me di cuenta de que Sean Penn ya tiene bastante.

Sean Penn pudo cambiar algo, tuvo una oportunidad que otros no van a tener en su vida, que él mismo no va a tener en su vida. La tuvo frente a la nariz, al alcance de la mano y la dejó irse. Sean Penn va a tener que vivir con eso para siempre. La va soñar mil noches, va creer que vuelve y que esta vez sí puede, que cambia la historia, y mil veces se va a despertar dándose cuenta de que no.