Los expertos aseguran que es clave airear el cuarto y lavar la ropa semanalmente para mantener la higiene del hogar, pero cada prenda tiene su secreto.
Una serie de estudios realizados en el Reino Unido demostraron que existe un lapso de tiempo ideal para cambiar las sábanas, las toallas, los repasadores, los pijamas y hasta los cepillos de dientes y la ropa interior.

Las sábanas deberían ser cambiadas una vez por semana para evitar la acumulación de bacterias, y la aparición de ácaros ya que su presencia puede provocar alergias al usuario de la cama, informó el sitio inglés Daily Mirror. Se recomienda lavar las sábanas a 60 grados para matar todos los bichos.

Algo similar ocurre con las almohadas, edredones, las fundas de edredón y los acolchados, que deben ser lavadas al menos dos veces al año a 60 grados y necesitan ser reemplazadas por unas nuevas cada cinco, aunque si contienen plumas hay que hacerlos limpiar en seco.

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Las toallas se deben reemplazar después de sólo tres usos porque al estar colgadas en un lugar húmedo, como es el baño, es probable que queden muchas bacterias que pueden causar infecciones. También se recomienda lavarlas a 60 grados con un producto antibacterial.

Los pijamas deben ser cambiados todas las semanas, y lavados a 30 o 40 grados con jabón antibacterial para eliminar las bacterias que pasan de la piel a la tela con tanta facilidad. Además es recomendable comprar prendas nuevas para la cama cada dos años.

En el caso de la ropa interior se recomienda lavarla todos los días a 30 o 40 grados, o a 60 en caso de que la persona esté enferma, para evitar infecciones en el tracto urinario o en la sangre. Además es recomendable comprar ropa interior nueva cada año.

Los cepillos de dientes duran sólo tres meses en su estado óptimo, pero se mantienen mejor si cada 30 días se sumergen cinco minutos en agua hirviendo o se meten en el lavaplatos. Además conviene ponerlos a secar al aire, pero lo más lejos posible del inodoro para mantener las bacterias a raya.

Lo ideal es que los repasadores sean cambiados cada día, y que cuando sean lavados no se mezclen con las toallas del baño, mientras que las esponjas deben quedar lo más escurridas posibles.