En la puerta del sanatorio, un perro esperó a su dueño que estaba internado. Pasaron los días, semanas e incluso meses, y la mascota siguió allí. Lamentablemente, el hombre falleció. Dos meses después, un enfermero decidió adoptarlo y rebautizarlo como "Malevo".
"Empecé a trabajar en la ambulancia hace seis meses. En uno de nuestros recorridos diarios, nos tocó ir a ver un paciente que estaba con internación domiciliaria. Cuando llegamos, vimos que estaba muy grave y decidimos traerlo al sanatorio. Él vivía solo, en el fondo de una casa, en la zona sur de la ciudad. Tenía cerca de ochenta años y su estado de salud era delicado. Nunca hubo un familiar, solamente apareció alguien a firmar los papeles de la internación, pero nada más. La única compañía era la de un perro. Cuando lo subimos a la ambulancia, la empezó a seguir", contó Juan Pradel, enfermero del Ramos Mejía, en San Luis.

Sin importar la distancia, la mascota no perdió el rastro del vehículo. "Apenas regresamos al sanatorio y bajamos al hombre en la camilla, el perro estaba al lado, esperándolo. Y desde ese día se quedó ahí", relató.

Los empleados del sanatorio mencionaron que iba y venía, olfateando en busca de su amo. Así que empezaron a darle de comer y beber, según el diario La República.

Pradel, de 23 años, explicó que todos empezaron a darle de comer y que el can los seguía, pero siempre volvía a las puertas del sanatorio ubicado en avenida Illia.

"Cuando llegamos y bajamos al hombre en la camilla, el perro estaba al lado, esperándolo"
"Se quedaba en la puerta, gimiendo porque seguramente extrañaba al dueño. El anciano estuvo internado casi una semana y falleció. Después de eso, el perro me comenzó a seguirme. Luego empecé en el servicio de guardia y cada vez que entraba me reconocía y se ponía contento. No lo podíamos dejar entrar pero él esperaba afuera", describió el enfermero.

Después de dos meses, Pradel decidió darle un nuevo hogar y lo adoptó como su mascota. "Le hice poner todas las vacunas y lo llevé a mi casa. Al principio era medio vergonzoso, no se animaba a entrar y se quedaba en el portón. Pero con el tiempo se empezó a acercar y jugar con la otra perra que tengo", dijo.

La fiel mascota además de tener un nuevo hogar, obtuvo un nuevo nombre. "Le puse 'Malevo' aunque, en chiste, digo que se llama 'Juancito'. A veces, todavía se nota que extraña porque empieza a llorar para que le abra la puerta. Así que sale, da una vuelta y como sabe el camino, vuelve a casa", narró.

"No conozco la historia -agregó- de su dueño, pero es impresionante la prueba de amor del perro con su amo. Seguramente el hombre también fue bueno con él para que tuviera este sentimiento. Siempre trabajamos con personas y en nuestra profesión tenemos que tener empatía. Pero esta historia me conmovió y quise darle un nuevo hogar".