Hace ya seis largos años, los médicos fueron terminantes con Walter Gómez: le dieron un mes de vida a causa de una leucemia que le fue detectada tras recibirse de árbitro y en pleno sueño por llegar a dirigir en la Liga cordobesa.
Sin embargo, las ganas, el empuje y el apoyo de su familia pudieron y es así como hoy, seis años después, este hombre de 40 años puede contar con detalles una historia que se convirtió en un verdadero ejemplo.

"Me recibí en la Asociación de Árbitros Independientes de Córdoba y a los pocos años me descubrieron la enfermedad. Se me caía el hombro, faltaba calcio en la clavícula. Y me dijeron que tenía que largar el arbitraje. Me quería morir. Tenía 34 años y tres nenas, más un nenito de mi sobrina que adoptamos. Con el apoyo de mi familia, que vale oro, y gracias al club Los Amigos, me siguieron contratando", relata Gómez en una entrevista con el sitio cordobés Día a Día.

Pese a su enfermedad, el hombre intentó seguir arbitrando y pudo hacerlo en la Liga del club Los Amigos. Pero claro, con cuatro hijos que mantener, también siguió haciendo trabajas de electricista y, con la ayuda de Marcelo Pascual, concejal del Movimiento ADN, decidió comprar un horno pizzero y se convirtió en el vendedor de pizzas del barrio.

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"Compré un horno y después la freidora y la plancha para lomitos. Mi señora prepara la comida y con mi hijo repartimos. "Acá al barrio no entran los delivery por los asaltos. Tampoco remises ni ambulancias. Y la gente me compra un montón porque entre todos nos ayudamos", detalla el árbitro.

Con respecto a la evolución de la enfermedad, Gómez aclara: "Ahora estoy mejor, a fin de mes me hacen una punción para ver si la enfermedad se agravó o no. Para mí se planchó, son las ganas de vivir".

Sus hijos María de Los Ángeles (18), Rodrigo (14), Selene (11) y Damián (3), y su esposa María Rosa son motivo suficiente para no bajar los brazos. La de Walter Gómez es la historia de un árbitro para el cual nada, ni siquiera lo inesperado, es imposible.