Mauro Szeta
Mauro Szeta
Una joven de 18 años que era buscada desde el sábado en Carlos Casares fue encontrada muerta, con cortes en el cuello, en la estancia El Broquel. El único detenido, encargado del campo, confesó el crimen.
Mariana Colman le había contado a los suyos que vivía acechada. La persecución la atormentaba. Un compañero de una campo en el que trabajaba en Carlos Casares estaba obsesionado con ella.

El sábado 30 de enero, a Mariana, de 18 años, no se la vio más. Empezó su búsqueda desesperada. Finalmente, el miércoles a la tarde, la hallaron asesinada de forma brutal. Según el dictamen pericial, estaba golpeada, degollada y al parecer violada.

Su cuerpo fue descartado en un pozo, entre basura, pastos y bidones plásticos. Horror puro.
Para los femicidas, una mujer que dice "no", termina bajo tierra.
La investigación se encaminó a Isaias Oliva, de 35 años, el encargado del campo donde trabajaba Mariana. Cuando lo fueron a buscar, el acusado se quebró y soltó una confesión que huele a excusa: "La maté porque me ignoraba".

Lo cierto es que Oliva quedó detenido. Cuando allanaron su casa encontraron un corpiño que podría ser de la víctima. También en su auto, se secuestraron cuchillos y manchas de sangre.

Otra vez un femicidio, otra vez un crimen de género, otra vez un femicida que busca pretextos para justificarse.

Nada de lo que diga el criminal vale: mató a Mariana porque Mariana era mujer.

Para los femicidas, una mujer que dice "no", termina bajo tierra.
Así piensan los asesinos de mujeres, así matan, así intentan justificarse luego.