En medio de una multitud de fieles que acompañó su recorrido por Roma, las reliquias de Padre Pío y de Leopoldo Mandić llegaron este viernes a la Basílica de San Pedro, donde quedarán expuestas para su veneración hasta el próximo jueves 11 de febrero.
Los dos reliquiarios fueron colocadas en la nave central, delante al altar de Confesión, tras un recorrido por la Vía della Conciliazione con una multitud que los veneraba a sus costados.

Este sábado, en el marco de la llegada al Vaticano de los dos santos capuchinos, el papa Francisco celebrará una audiencia con grupos de oración del Padre Pío y fieles de la archidiócesis de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo.

Las reliquias del Padre Pío de Pietrelcina, conocido como el fraile revelador y mediador del amor misericordioso del Padre celestial, llegaron a Roma el 3 de febrero, luego de recorrer unos 500 kilómetros desde San Giovanni Rotondo hasta la iglesia romana de San Lorenzo Extramuros, donde fueron venerados con celebraciones litúrgicas.

Pío, el santo fraile capuchino "que pasaba hasta 16 horas al día en el confesionario escuchando confesiones y dando el perdón de Dios", como lo describió el jesuita Guillermo Ortiz en radio Vaticana, podrá ser visitado por los fieles en el marco del Jubileo de la Misericordia.

Junto al Padre Pío (1887-1968), muy venerado por la comunidad italiana en Argentina, también arribó el reliquiario de Leopoldo Mandić, de origen croata, llamado también el pionero del ecumenismo, como "dos ejemplos de padres misericordiosos como los que quiere mostrar el papa en este Jubileo", agregó Ortiz.

Durante la presentación de su llegada a Roma a fines de enero, Monseñor Rino Fisichella, responsable del Jubileo, afirmó que ambos santos "gastaron su vida al servicio de la misericordia" y recordó que el Padre Pío "gastó toda su vida en San Giovanni Rotondo, sin dejar nunca esa pequeña ciudad. Es cierto, mientras vivió algunos desde Roma lo hicieron sufrir, pero su santidad fue superior".

San Leopoldo Mandic (1866-1942), es menos conocido, sin embargo "dedicó toda su existencia al confesionario. Por casi treinta años pasó de las diez de la mañana a las tres de la tarde en el secreto de su celda, transformada en confesionario para miles de personas que encontraban en el trato con él el testimonio privilegiado del perdón y de la misericordia", agregó Fisichella.