Mauro Szeta
Mauro Szeta
El empresario, detenido por el homicidio de su esposa, Claudia Schaefer, busca demostrar que es inimputable y que debe ser enviado a un psiquiátrico y no a una cárcel.
Desde el minuto cero se supo que Fernando Farré asesinó de forma brutal a su mujer Claudia Schaefer en el country Martindale de Pilar.

Es decir, nunca hubo dudas sobre quién era el autor del crimen.

Farré quedó detenido en el acto. Es más, terminó de cometer el asesinato delante de su propia madre y de dos abogados.

Luego, se conocieron detalles de una relación en la que Schaefer había denunciado a Farré 18 días antes del crimen.

En esa denuncia, la mujer había relatado en la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte que Farré la había golpeado delante de sus hijos y explicó además que sufría violencia de parte de él en los últimos diez años.

La evidencia, ahora reconstruída por la secuencia fáctica que hicieron los peritos, le hace sospechar a la fiscal que se trató de un asesinato planificado.

Los dos cuchillos que usó Farré para matar a su mujer los tomó de su propia casa del portacuchillos de la cocina. Para la fiscal, se nutrió de las armas antes de la llegada de Schaefer a la casa.

Luego, con el pretexto de que Schaefer debía ingresar al vestidor de la casa a llenar una valija con sus pertenencias, Farré la encerró, trabó la puerta con llave, atacó a Claudia a trompadas y luego le asestó 74 lesiones hasta matarla. En ese acto criminal descomunal, casi la decapita.

Ahora la discusión está centrada en planteos de la defensa. El abogado Adrián Tenca y el perito Enrique De Rosa pretenden demostrar que Farré es inimputable, es decir que debe ir a un psiquiátrico, pero no a la cárcel.

En ese afán, el 22 de enero, sometieron a Farré a una resonancia para demostrar que el acusado podía presentar una lesión cerebral preexistente que lo llevó a perder la conciencia de forma temporal.

Lo cierto es que el crimen más claro de todos, demora su elevación a juicio por la cantidad de estudios que le hacen al acusado.

Es más la última medida que le practicaron fue un estudio del sueño. Insólito, pero real. Todo vale para tratar de sacarlo de la cárcel.