El enamoramiento se produce en menos de un segundo y que puede generar la misma euforia que provoca el uso de cocaína.

El enamoramiento se produce en menos de un segundo y que puede generar la misma euforia que provoca el uso de cocaína. A su vez, durante este estado se activan distintas regiones del cerebro según la persona esté experimentando amor romántico, maternal o atracción sexual. Esas son sólo algunas de las conclusiones de las llamadas neurociencias del amor.
A fines de 2010, Stephanie Ortigue y sus colaboradores de la Universidad de Siracusa, publicaron "Las neuroimágenes del amor" en The Journal of Sexual Medicine. Allí, analizaron los estudios que diversos investigadores realizaron en los últimos años para localizar el éxtasis romántico a través de imágenes por resonancia magnética funcional.
Según el estudio, cuando una persona se enamora se activan 12 áreas de su cerebro que trabajan en conjunto para segregar sustancias químicas (como dopamina, oxitocina, adrenalina y vasopresina) que inducen la conocida euforia acompañada de pasión y atracción.
La investigación de Ortigue probó que el enamoramiento no sólo afecta la química del cerebro, sino también funciones cognitivas sofisticadas, tales como la imagen corporal, la motivación, la autoestima y la representación mental.
Otro aspecto importante de la investigación dirigida por Ortigue demuestra que son distintas las regiones cerebrales que se iluminan ante el deseo sexual que ante el cariño incondicional, como el que sienten madres y padres por sus hijos. Sin duda estos datos son seductores para los infieles empedernidos, quienes pueden decir que con una parte de su mente aman y con la otra desean, y que no siempre ambas van juntas.