A fines de 1988, Argentina experimentó una de las peores crisis energéticas de su historia, que mantiene varias similitudes con la actualidad. Los cortes, que se extendieron por más de cuatro meses, quedaron marcados en la memoria colectiva. La escasez de electricidad ya había comenzado en abril de ese año, por lo que se tomó la medida de realizar cortes de luz rotativos de 5 horas por turno en ese mes. Sin embargo, con esas interrupciones no se logró solucionar el faltante. La llegada de diciembre y los aumentos de temperatura, sumados a la baja potencia de las usinas hidroeléctricas, agudizaron la situación.
El colapso se produjo cuando quedaron fuera de servicio dos bombas de la central hidroeléctrica de Embalse Río III (a fines de diciembre), también por la salida de servicio de la central nuclear de Atucha y además por un incendio ocurrido en La Pampa que afectó una línea que transportaba energía desde El Chocón.

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