Él no está y su teléfono celular quedo ahí, sobre la mesa. Resulta tentador. Marisa (42 años) me dice "parecía que me llamaba a abrirlo, a revisarlo, buscaba llamadas perdidas y parecía que algo quería encontrar, lo encontré y bueno, después tuvimos una gran pelea".
Sentirnos celosos es una experiencia que se basa en la sospecha (seguida de intranquilidad y reclamos) de que la persona amada cambie su cariño o amor y los ponga en otra persona.

Los celos no nacen espontáneamente de un día para el otro: son una conducta aprendida desde la infancia específicamente, durante el proceso de individuación, es decir, cuando nos reconocemos como seres autónomos, separados de los demás. Y aceptar que "el otro" tiene una vida propia es un trámite complejo que puede durar toda la vida.

El celoso quiere exclusividad, ser poseedor único del amor. Le cuesta aceptar que el ser amado es independiente y que sus afectos puede repartirlos en diferentes vínculos: hijos, padres, amigos. Es así como menosprecia sus propias capacidades, en pos de que el amor, la atención, las recompensas afectivas provengan siempre de otro, quien adquiere la figura del típico proveedor.

El celoso crece padeciendo el dolor emocional de la pérdida o el júbilo irracional por la posesión. Cuando constituye una pareja acarrea con él su inseguridad emocional, la angustia de la incertidumbre, y el miedo ante el abandono. Sus fantasías lo invaden y ve fantasmas terroríficos a su alrededor, existe una desoladora certidumbre de que sus sospechas finalmente se verán comprobadas.

Una pareja embargada por los celos pierde el equilibrio que debe existir para aceptar la autonomía y la historia previa de cada uno.

Hombres o mujeres: ¿quiénes somos más celosos?

Existen diferencias de género en la expresión de los celos. Según un estudio realizado por dos investigadoras de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a las mujeres les molesta más que a los hombres la infidelidad sexual (que implica sólo mantener relaciones sexuales con una tercera persona).

El trabajo se basó en una muestra de 446 personas adultas, que tenían entre 20 y 56 años, que residen en Capital Federal y en el Conurbano bonaerense. Los resultados finales no difirieron mucho de los que se obtuvieron en 60 países, ya que el trabajo de las psicólogas de la UBA formó parte de un estudio internacional conjuntamente con la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena.

¿Qué le molestaría más: imaginar a su pareja formando un vínculo emocional profundo con otra persona o que sólo disfrute de una apasionada relación sexual con otro/a? A esa pregunta, el 52% de los hombres contestó que le molestaría más el vínculo emocional que un encuentro "ocasional". En cambio, el 82% de las mujeres dijo sentirse más dolida por la posibilidad de que su pareja se enamore de otra persona.

Es indudable que los celos forman parte del deseo de sentirse "exclusivos" de la mirada de otra persona. Y parece que nadie está exento de padecerlos. Son una de las emociones naturales, como el odio o el amor, pero pueden implicar tantos rasgos negativos como positivos. Si son permanentes, desgastan y perturban la relación y para no quedar entrampados entre los celos, necesitamos pensar que somos una persona y no una mitad que se une a otra.

Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: dresni@gmail.com
Página Web: www.e-sexualidad.com