Federico Mana
Federico Mana
El fin de las paritarias docentes nos pone frente al fenómeno de la negociación como una práctica cotidiana en donde los juegos de poder, las necesidades, la capacidad de argumentación y las estrategias están a la orden del día. ¿Cómo se gana una negociación? ¿Hay que resignar siempre?
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos atravesado por un momento de negociación; ya sea en el plano laboral cuando solicitamos algún cambio de nuestras condiciones de trabajo, en nuestros barrios cuando se interponen intereses de vecinos o bien en nuestros hogares cuando la convivencia se vuelve tensa y las prácticas de unos parecieran ir al choque constante con las de otros.

Ahora bien, ¿qué decimos cuando decimos "negociación"? Podemos entender a este término como un proceso de diálogo en donde dos o más partes inmersas en un mismo contexto buscan la solución a un conflicto resultante de la divergencia total o parcial de opiniones, perspectivas e intereses.

Así pues encontramos en el caso de las paritarias docentes un ejemplo completamente claro al respecto de lo que es una negociación y cuáles son los elementos que la componen. Encontramos aquí dos partes bien definidas: por un lado el sector docente y por el otro el sector gubernamental. El conflicto central emerge por la disputa respecto al aumento del salario de los trabajadores ya que mientras una parte solicita un número cercano al 40%, la contraparte pretende reducir ese número a un 25%. Entonces ¿cómo resolver la diferencia?

Es en este punto en donde se abre un proceso de diálogo, donde las partes no sólo informan sus intereses, si no que también empiezan a delinear las estrategias argumentativas para poder en cierta forma "imponer" sus condiciones. De esta forma comienza a vislumbrarse lo más complejo de las negociaciones ya que aquí elementos como la información, el poder, el tiempo y el contexto social cobran una vital relevancia.

Saber con exactitud cuáles son los objetivos propios, las legislaciones que nos avalan, lo acontecido en la historia respecto a situaciones similares como así también conocer los intereses, las debilidades y las urgencias de la contraparte se vuelve una condición necesaria aunque no suficiente para lograr el éxito. No obstante, tener plena noción del poder que maneja tanto una parte como la otra también es indispensable; por caso el poder que manejan los docentes viene dado tanto por el rol social que cumplen al desenvolverse en el plano educativo como por la capacidad de paralizar, en última instancia, el desarrollo normal de las clases.

Por otro lado la cuestión del tiempo es imposible de soslayar, ya que no es lo mismo negociar cuando hay una fecha límite. ¿Por qué la mayoría de las veces las paritarias se terminan resolviendo al borde del inicio de las clases? ¿Tiene que ver con una presión que busca imponer el sector docente o es la parte gubernamental quien lleva las cosas hasta ese punto? Aquí vemos pues cómo emerge la cuestión del contexto social ya que en reiteradas ocasiones se ha buscado hacer cargar a los docentes con la presión social de tener, supuestamente, de "rehenes a los chicos".

De esta manera se convierte en una táctica reiterativa el hecho de buscar contraponer a los docentes con los padres, manifestando una aparente falta de voluntad de los educadores al no resignar sus aspiraciones. "Resignar" se transforma entonces en una palabra clave; todos los días estamos negociando ya que la vida nunca resulta totalmente favorable a nuestros intereses y, por lo general, debemos aplazar algunos de ellos en búsqueda de la armonía con los demás. Pero ¿esto es resignar o entender nuestros límites? ¿Existe algún marco para determinar aquello en lo que sí se puede ceder y en lo que no?

Ser infalible a la hora de negociar podría ser un deseo de muchos, deseo que concuerda con la ficticia idea de que "hay que ganar siempre". Aunque ¿qué entendemos por "ganar" dentro de una negociación? El individualismo y el egoísmo que impregnan nuestra sociedad buscan convencernos que sólo se puede ganar si el otro pierde. Ahora bien, si vivir es negociar ¿por qué no podemos pensar en una vida y en una negociación dónde nos veamos como parte de una misma historia y no como enemigos? ¿Por qué no pensar que si el otro tiene éxito yo también lo tendré?