Las inmediaciones del Congreso cambiaron el paisaje de la última década en cada apertura de Sesiones. Pocas banderas y nada de militantes.

Mucha gente de civil y algunos (pocos) militantes del PRO y Cambiemos, sobre todo de la provincia de Buenos Aires, se acercaron a la plaza Congreso para acompañar el discurso de apertura de sesiones legislativas del presidente Mauricio Macri.

Sin embargo, había poca remera PRO, algunas en blanco con la leyenda de "Cambiemos" y unos pocos globos. En cuanto al merchandising, al igual que en la asunción presidencial, había muchas banderas argentinas. Algunos comerciantes vendían la grande a 100 pesos y la chica a 50, mientras que también había uno que vendía una con la cara de Macri a 50. El que ofrecía los dos tamaños también se había avivado del negocio del día y vendía pilotos a 30 pesos.

Pero el ingenio popular no sólo era de los vendedores sino que un grupo usaba una de las sombrillas multicolores de la campaña para protegerse de la llovizna que caía por momentos. Otra nota de color la dio un hombre que llevó a sus dos perros: uno con una remera de argentina y el otro con una remera amarilla.

Más allá de esto, hubo otra insignia que se hizo presente: la de Boca Juniors, el club del presidente, que apareció en banderas de una columna de gente que se acercó hasta la plaza cantando "decime que se siente". En tanto, otra columna se encargó de ponerle un poco más de onda al festejo con bombos y trompetas, ya que la música que salía de los parlantes pasó media desapercibida.

Finalmente, el ruido dio pie al discurso del presidente que fue vivado por la gente en la plaza en distintos momentos, cuando no estaban abucheando a diputados del kirchnerismo. Pero la parte más graciosa fue cuando los presentes se dieron cuenta que Macri estaba repitiendo sus palabras sobre los fondos buitre y se rieron del pifie al igual que el mandatario y también lo alentaron.