Germán Chiaraviglio admite haber pensado en largar todo. "Tenía todas las excusas", asegura quien era visto como la joya del atletismo argentino en la década del 2000. Pero él sentía que, tras haber sido campeón mundial juvenil, no podía irse así, sin luchar. Y la peleó. Contra todo: lesiones graves, malos resultados, rendimientos muy por debajo de sus (y las del resto) expectativas, flojos resultados y pérdida de spónsors.
"Lo peor lo sufrí entre el 2009 y 2010. Me fue mal en los Juegos 2008, saltaba 20 ó 30 centímetros menos que de chico, me dolía mucho el pie, los médicos no me daban un diagnóstico alentador y realmente no sabía si iba a volver a saltar como antes. No veía una salida". Pero el garrochista santafesino abrazó la incertidumbre y, cuando "todos decían que no iba a volver a ser el de antes", renació durante el 2015 con sorprendentes resultados y hoy, en año olímpico, sueña con una final en los Juegos de Río de Janeiro.

"La clave pasó por darle más bola a la parte mental, a la cabeza, para recuperar la confianza perdida. Resultó importante mi psicólogo Marcelo Márquez y todo el equipo. Luego me puse bien físicamente y volví a lo que me daba seguridad, sin cambiar tanto de mi salto. Recuperé la convicción, volví a las fuentes, pero costó bastante", relata Chiraviglio.

Con respecto a las lesiones que sufrió y al bendito tobillo que lo trajo a mal traer, el joven detalla: "Fue mucho el sufrimiento porque los médicos no me daban un diagnóstico del tobillo y me animé a operarme. Era la última chance. Me puse objetivos cortos, sabiendo que era lo que me tocaba y que tenía que superarlo. Recuerdo que en un momento el objetivo no era un Juego Olímpico sino trotar sin dolor. No fue fácil. Pero siempre mantuve mi motivación, el saber que yo lo había hecho alguna vez, que si se me iba el dolor, podía volver al alto nivel".

Todo empezó hace un año, cuando Germán superó su karma, los 5m60, y se clasificó para el Mundial con su mejor marca en siete años (5m65) y en mayo, ya por invitación, brilló y logró la medalla de bronce (5m60) en una cita top, la Diamond League de Doha. Luego llegó la plata en los Panamericanos con un majestuoso 5m75 y el arribo a la final del Mundial de atletismo.

"Por supuesto que me sorprendió mi 2015. Esperaba un buen año, pero ni loco tanto. Fue el mejor año de mi carrera y lo pude disfrutar. Estoy muy feliz",
cuenta a los 28 años. Este gran momento de forma ya se trasladó al 2016 porque hace diez días ganó la prueba Súper Salto en Río de Janeiro con 5m50. Ahora se viene el Grand Prix de Mar del Plata (fin de marzo) y el Iberoamericano en mayo, otra vez en Río, la sede de su gran objetivo para este año.

"Me ilusiona pero trato de no pensar sólo en eso. Nunca fui de obsesionarme, de volverme loco, porque las expectativas te perjudican. Un Juego Olímpico es muy importante, pero no es la vida o la muerte. Me gusta disfrutar el camino, el proceso, por eso voy paso a paso, dándole importancia a las giras y las competencias previas. Ahí está la clave, de lo contrario te cargás de mucha presión",
confiesa.

Consultado sobre sus chances en los próximos Juegos, Chiaraviglio no duda en admitir que le llegan "en su mejor momento, con madurez y experiencia".

"Mi objetivo es repetir lo del Mundial 2015. Apuntar a una final olímpica es algo muy difícil, pero se puede viendo el año que tuve",
asegura.

Además de la dura preparación física y mental, Chiaraviglio encontró en la solidaridad su cable a tierra. Y por eso se sumó una campaña para ayudar al club que lo vio nacer en Santa Fe.

Chiaraviglio
"Tuve la suerte de cruzarme con Weber, una empresa que quiere ayudar a dejar acciones que perduren y sus embajadores podemos elegir un lugar a refaccionar. Yo apunté al club de atletismo de donde salí: Velocidad y Resistencia. Estamos avanzando mucho en un alojamiento con los materiales de Weber para que el club tenga ese servicio y así pueda contar con recursos propios para sostener una escuelita de forma más estable. Y lo bueno que, con esta iniciativa, todos se prendieron en el club a seguir mejorándolo", concluye.