Intimidad, confianza, pilares básicos del amor de una pareja, pero ¿se está perdiendo la comunicación?, ¿las relaciones de pareja, su intimidad sexual se ven dañadas por el abuso de las nuevas tecnologías? ¿Dónde está puesto el deseo? ¿Qué es lo que, de alguna manera, erotiza nuestras vidas? ¿Qué elijo: mi pareja o chatear o mirar los mails aun en la madrugada? Las pantallas nos van invadiendo y las parejas no encuentran espacios para hablar o tienen buenas excusas para no hacerlo.
Vemos amigos que a pesar de ir caminando juntos no se comunican entre ellos sino que conversan con otras personas a través de sus celulares; parejas compartiendo una cena y aun una habitación pero cada uno atento a su móvil o a su ordenador.

La gente hoy tiene menos intimidad sexual debido a que la tecnología ha tomado los espacios y momentos destinados para ello; internet, las tablets, los celulares, son los que más interfieren en los espacios y los horarios que antes propiciaban los encuentros sexuales en las parejas. Los nuevos aparatos digitales han transformado en algo muy difuso, la línea que marca la diferencia entre el horario de oficina y el de descanso. Por momentos la cama se ha convertido en una oficina.

Y a ello se suma que las personas desde su cama, revisan en sus tablets y celulares, la actividad en sus redes sociales, contestan su e-mail o hacen llamadas a sus familiares. Y, por supuesto a ello se agrega la tentación de jugar con aplicaciones altamente adictivas como Angry Birds o Candy Crush. ¿Sustituyen estos juegos a otros que antes se hacían durante el encuentro sexual?

Un trabajo, publicado en The Lancet, hecho con más de 15.000 participantes entre 16 y 74 años encontró que los encuentros eróticos entre varones y mujeres disminuyeron de más de seis veces al mes hace diez años a menos de cinco hoy. Más insólito aun fue encontrar que el 15 por ciento de los hombres y el 30% de las mujeres manifiestan no tener el más mínimo interés en el sexo.

Y bien, sabemos que la suspicacia, factor de sufrimiento personal y vincular, sobre todo en los vínculos amorosos, alimenta los celos y un sinnúmero de conductas dañinas que llevan a que la persona afectada comience a buscar indicios o pruebas para confirmar su percepción. Y, en este punto, las redes sociales se convierten en aliadas de la sospecha. Ante el menor descuido, se revisan sin el consentimiento del otro, celulares y mails, sin consentimiento del otro. La persona que revisa queriendo saber que algo se le oculta, se convence que ésta es la mejor forma para descubrir al victimario. Y aunque sabe que esta violando la privacidad e intimidad, lo hace sin culpa.

Cuando la búsqueda se convierte en una obsesión, no hay forma de sacarse la idea de la cabeza, lo cual lleva a revisar compulsivamente las pertenencias del otro y, aun así, no se calma la duda. Por lo general, la persona celosa construye su propia historia a partir de unos pocos datos.

La persona que se mete en la intimidad ajena debe saber que ese acto solapado, tiene consecuencias en la propia estima. Y, por lo general, ello daña aún más la relación y hace más difícil recuperar de la confianza mutua.

Importa por ello saber que la comunicación abre puertas, la obsesión celosa las cierra. Si existió infidelidad, tendrán que replantarse si pueden seguir juntos o eligen separarse. En caso de continuar, el querer saber "los detalles" de cómo fueron los pasos de la infidelidad, o el control sobre el otro, no sirve para reflotar la relación. Una relación saludable no se sostiene con acciones invasivas, se sostiene con respeto, confianza y comunicación sincera.

Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica
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