Mauro Szeta
Mauro Szeta
José Miguel Salazar se animaba de a poco a vestirse de mujer. Cada quince días compraba un nuevo accesorio y enfrentaba la vida como un hombre vestido de mujer. A través de un trans conocido empezó a contactar a un pretendiente. No se sabe aún cómo se comunicaban.

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Salazar estaba contento y así se lo había manifestado a sus amigas: "Estoy contento. El loco piensa que soy mujer. ¿Le digo o no le digo la verdad?"

El 20 de febrero de 2016 llegó el día de la primera cita: el lugar del encuentro fue el boliche Serata en Florencio Varela. Las cámaras de seguridad registran a Salazar o "La Jose", en minifalda, acompañada de un hombre de saco, 1,75 metros, unos 30 años, cejas tupidas, pómulos sobresalientes, cabello negro y jopo.

De las imágenes de las cámaras de seguridad del local, se determina que el único vestido de saco es él. ¿Qué pasó luego es la clave del caso?

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A las 5.35, el cuerpo de Salazar, que trabaja como empleado de limpieza en una empresa porteña, apareció tirado en 542 y 513 de Florencio Varela.

Los investigadores policiales y la fiscal Gisella Olsaniesky sospechan que desde el boliche, el asesino -que no está identificado- subió con la Jose a un auto y se fueron juntos. Lo que pasó adentro del vehículo es la clave de la historia. La forma en la que apareció el cuerpo merece atención.

Salazar estaba con la pollera y la bombacha bajas. La posición de su cuerpo es la típica posición de alguien que estuvo sentado en un auto y fue arrojado así a la calle.

La sospecha es que cuando empezaron a intimar en el auto, el acusado le bajó la falda a la víctima y descubrió que no era mujer: entonces lo mató a golpes, para luego huir.

Un crimen brutal. Un asesino que sigue suelto y anónimo.