Según un informe elaborado en conjunto por la CEPAL y Oxfam, sólo Argentina, México y Uruguay tienen tasas efectivas sobre la riqueza que exceden el 8% para el décil más rico de la población mientras que en EE.UU. es del 14,2% y en algunos países europeos supera el 20%. En la región es fuerte el peso de los tributos al consumo, que afectan con más fuerza a los sectores más postergados.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y Oxfam Internacional dieron a conocer días atrás el informe "Tributación para un crecimiento inclusivo" en el que realizan un sucinto repaso sobre los sistemas tributarios de la región, sus efectos en la lucha contra la desigualdad a la vez que promueven algunas políticas en ese sentido tendientes a fortalecer la inclusión.

El informe alerta que "el impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre el crecimiento sostenible y la cohesión social resulta evidente en América latina y el Caribe". En ese sentido destaca que en 2014 el 10% más rico de la población de América latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Según los cálculos de Oxfam si esta tendencia continuara, dentro de sólo seis años el 1% más rico tendría más riqueza que el 99% restante.

Por caso, la CEPAL advierte que entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América latina crecieron en promedio un 21% anual lo que implica un incremento seis veces superior al experimentado por el PBI de la región.

Asegura además que "gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una porción muy significativa de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media. Este grado extremo de desigualdad y de concentración del ingreso se ve confirmado por el análisis de los datos tributarios disponibles relativos a la renta personal en diversos países de la región".

Entre las explicaciones a este fenómeno, el informe destaca que existen "niveles relativamente altos de renta exenta y tasas impositivas marginales (sobre la riqueza) generalmente más bajas que en los países de la OCDE". Es decir que el decil más rico de América latina paga una tasa impositiva efectiva "excepcionalmente baja" en comparación con los países de América del Norte y Europa.

"De los 16 países que se tomaron en cuenta, solo tres (Argentina, México y el Uruguay) tienen tasas efectivas que exceden el 8% para el decil más alto y únicamente México alcanza el 10%. En comparación, en los Estados Unidos la tasa efectiva para el quintil más alto es del 14,2% y en algunos países europeos supera el 20%", advierten la CEPAL y Oxfam.

Así, sigue el informe, "no resulta sorprendente que el impuesto sobre la renta de las personas físicas sea especialmente débil como instrumento de redistribución en América Latina".

Según se desprende del informe, en la región el impuesto sobre la renta de las personas físicas logra en promedio una reducción de la desigualdad de un 2,1% medida por el coeficiente de Gini mientras que en 27 países de la Unión Europea la reducción es del 11,6%. "Este resultado se debe principalmente al bajo nivel de tasas impositivas efectivas en América Latina"

A pesar de este diagnóstico, la CEPAL y Oxfam llaman a salvaguardar los avances ya logrados por América latina y garantizar un crecimiento inclusivo y sostenible y advierte que "el incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión pública en la reducción de algunas de las brechas históricas de la región, como el acceso marcadamente segregado a bienes públicos de calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la infraestructura".

Y recuerda que en muchos países de la región "el sistema tributario se apoya principalmente en los impuestos sobre el consumo, que resultan más gravosos para los grupos de ingresos bajos y medianos".

El informe critica además la extendida práctica en los gobiernos de la región de otorgar "un trato de favor a las compañías multinacionales en materia de impuestos, por medio de reducciones excesivamente generosas de las tasas de los impuestos de sociedades. Según algunos cálculos, la carga impositiva para las empresas nacionales equivale al doble de la carga efectiva soportada por las compañías multinacionales".