Federico Mana
Federico Mana
Recordar los tiempos difíciles es más dificultoso que recordar los buenos momentos, pero cuando en ello se juega la mantención de una historia en común se torna cuasi una obligación. Pero ante los "nuevos" encuentros y rupturas ¿qué hacer con la memoria? ¿Cómo pueden las nuevas generaciones abordar este fenómeno?
La relatividad del tiempo no sólo puede experimentarse a escalas cósmicas; en nuestra vida cotidiana, en nuestro devenir social una misma magnitud puede significar mucho o poco según la perspectiva que se tome. ¿Cuánto significa 40 años para una sociedad? ¿Y para la historia de un país? ¿Y para la vida de una persona? Sin lugar a dudas en este lapso se sucedieron profundos cambios que han modificado de lleno la historia argentina y también el pasado de miles de ciudadanos. No obstante ello, el clamor por la memoria sigue estando vigente ¿Por qué?

¿Puede el presidente de los Estados Unidos colaborar a que las nuevas generaciones no tergiversen la memoria?

Como si la dictadura con sus fechorías no fuera suficiente como para marcar la memoria colectiva, 24 de marzo tras 24 de marzo el pedido por no olvidar debe repetirse en una evidente manifestación de la fragilidad social del recuerdo, recuerdo que pareciera no lograr sobrevivir al estímulo constante y a la recurrente aparición de nueva información por acumular. Con la visita del presidente de los Estados Unidos ¿se estará reafirmando la memoria o se la estará reemplazando por un nuevo contenido audiovisual?

Así pues, en momentos de grandes cambios, de supuestas rupturas con el pasado cercano y con la aparición de una nueva cosmovisión política, cabe cuestionarse no sólo por las ¿nuevas? formas de construcción de esta memoria, si no también por la manera en que las nuevas generaciones son capaces de acercarse a ella. Es decir, si hacemos un cálculo veloz podemos señalar que la población menor a 33 años (que se estima en alrededor del 40%) ha vivido en plena era democrática, observando lo acontecido hace cuarenta años como un hecho tal vez no ajeno, pero sí algo lejano.

En muchas ocasiones hacer memoria es encontrarse, encontrarse con sí mismo, con el otro, con un pasado en común donde varios han sido los actores y todos deben ser tenidos en cuenta sea para reconocerles o para juzgarlos por sus hechos.

Ante esta situación ¿no se corre el riesgo que año tras año se pierda o al menos se tergiverse la memoria? ¿Qué ocurrirá dentro de diez o veinte años? ¿Cómo veremos a este suceso? Para evitar este daño a la historia habrá quienes propongan la repetición de la conmemoración, mantener viva la llama del recuerdo pero ¿la reiteración constante no lleva a la pérdida del sentido, a vaciar de contenido al 24 de marzo?

Quizás aquí radique la clave, en pensar nuevas formas de resignificación, no para transformar lo sucedido en un estímulo acorde al mundo contemporáneo, edulcorando la historia para su consumo veloz, si no por el contrario, lograr que las nuevas generaciones "democráticas" comprendan lo sucedido como un hecho que no se debe olvidar porque la justicia se dará además de condenando a los culpables, creando las condiciones necesarias para que lo ocurrido no vuelva a acontecer.

Lla memoria es ruptura ya que requiere fragmentar y desgarrar con ese velo que la vorágine inmediata nos quiere imponer para que sólo veamos el instante aislado de toda historia, negando el origen y olvidando cómo hemos llegado hasta aquí y por qué.

¿Puede el presidente de los Estados Unidos colaborar a que las nuevas generaciones no tergiversen la memoria? ¿Es esta una pregunta pertinente? Su visita en estas fechas no es para nada ingenua, responde a una racionalidad, a una lógica que cabe deconstruirse para entender si la búsqueda es la de la reconciliación, la de la aceptación de los errores propios o, en todo caso, la de la reafirmación del rol cumplido tanto por el país norteamericano como por el de la Argentina.

Es que en muchas ocasiones hacer memoria es encontrarse, encontrarse con sí mismo, con el otro, con un pasado en común donde varios han sido los actores y todos deben ser tenidos en cuenta sea para reconocerles o para juzgarlos por sus hechos. Pero también la memoria es ruptura ya que requiere fragmentar y desgarrar con ese velo que la vorágine inmediata nos quiere imponer para que sólo veamos el instante aislado de toda historia, negando el origen y olvidando cómo hemos llegado hasta aquí y por qué.