A días de celebrarse un nuevo domingo de Pascuas, el ex ministro de Defensa de Raúl Alfonsín recordó el alzamiento carapintada del que se cumplirán 29 años en pocas semanas más. "Si Alfonsín no hubiera actuado como lo hizo, probablemente todo hubiese terminado en una masacre" dijo Jaunarena.
El calendario dirá que todavía no se cumple un nuevo aniversario. Sin embargo el levantamiento carapintada del 19 de abril de 1987, el primer alzamiento militar tras la recuperación de la democracia en 1983, quedó grabado, principalmente a partir de las palabras del entonces presidente Raúl Alfonsín, como la intentona golpista de Pascuas.

Ese domingo de Pascuas un grupo de oficiales, cuya figura más visible fue Aldo Rico, copó Campo de Mayo aunque la rebelión había comenzado unos días antes, el 16 de abril cuando el mayor de Inteligencia, Ernesto Barreiro, se había negado a concurrir al juzgado que lo investigaba por los delitos de torturas y asesinatos cometidos durante la dictadura militar.

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Era el corolario del famoso Juicio a las Juntas que seguía ahora con otros responsables del Terrorismo de Estado impuesto en el país a partir del golpe del 24 de marzo de 1976 y del que ayer se cumplieron 40 años.

Desconociendo la Justicia Civil, Barreiro se amotinó en el Comando de Infantería Aerotransportada de Córdoba junto a otros 130 militares para resistir su detención. La reacción se extendió a otros cuarteles y alcanzó su punto más caliente cuando Rico copó Campo de Mayo.

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Los carapintadas exigían no ser juzgados por los delitos de lesa humanidad que habían cometido durante la dictadura en cumplimiento de las ordenes se sus superiores.

"Si Alfonsín no hubiera actuado como actuó probablemente todo hubiese terminado en una masacre" aseguró este viernes en diálogo con Radio 10 el entonces ministro de Defensa, Horacio Jaunarena. "Veníamos del riesgo de una masacre y el gobierno democrático, con el apoyo del pueblo, pudo reducir a los violentos" siguió Jaunarena quien recordó que "ese era una hueso muy duro de roer para mucha gente que estaba acostumbrada a que las asonadas militares terminaran con la claudicación de los gobiernos democráticos".

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"La frase más recordada de Alfonsín es 'la casa está en orden' pero la frase completa es 'la casa está en orden y no hay muertos', la historia omitió esa parte" explicó el ex ministro para quien aquel episodio "significó una lección para muchos militares que todavía creían que podían conseguir cosas a través de la violencia y una lección también para los montoneros de aquel tiempo que sólo creían que se podía combatir por medio de la violencia. La lección de Semana Santa de aquel tiempo fue una lección para los violentos tanto de derecha como de izquierda".

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Apenas conocido el alzamiento carapintada decenas de miles de argentinos marcharon a Plaza de Mayo para respaldar al gobierno constitucional de Alfonsín. Tras los largos años de la dictadura, con su pesada herencia de persecución, represión, secuestros, torturas, muertes y desapariciones, además de una guerra contra el Reino Unido, el pueblo parecía más decidido que nunca a defender la democracia.

En el balcón de la Rosada y junto a los líderes de todos los partidos de la oposición, Alfonsín anunció que iría en persona a Campo de Mayo a negociar con los insurrectos. Le pidió a la multitud que aguardar paciente allí por su regreso, que no se moviera. Horas más tarde volvió en helicóptero y lanzó su famoso "Felices Pascuas" que anticipaba el desenlace, sin derramamiento de sangre, del levantamiento militar.

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En esos años se había logrado juzgar a los integrantes de la Junta Militar en un suceso inédito en el mundo, la Justicia de un país juzgaba a sus propios genocidas.

Si bien los carapintadas depusieron su actitud, el alzamiento logró su cometido. Unos pocos meses más tarde el Congreso nacional sancionaba a instancias del gobierno nacional las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que garantizaron la impunidad de miles de represores hasta la llegada de Néstor Kirchner al Poder.

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En 2005, la renovada Corte Suprema de Justicia declaró la inconstitucionalidad de las leyes 23.492 y 23.521 y abrió las puertas al camino de Memoria, Verdad y Justicia que todavía transita nuestro país, juzgando a los represores de aquellos años mientras se sigue buscando a las víctimas y a los cerca de 400, hoy ya adultos, que nacieron en cautiverio, apropiados por otras familias y que hoy todavía desconocen su verdadera identidad.

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