Pablo Rodríguez Denis
Pablo Rodríguez Denis
¿Cómo explicarle a un chico de 18 años con todo el futuro por delante que no puede jugar más al fútbol? ¿Cómo hacer para derrumbar ese sueño que todo jugador de inferiores persigue desde su primer contacto con la pelota? La historia de Gonzalo Gamarra podrá no tener el final esperado, pero sus ganas y perseverancia alimentan un desenlace decorado con tintes de felicidad.
A mediados de 2015, el éxodo de referentes del plantel de Vélez Sarsfield conducido en ese entonces por Miguel Ángel Russo y, sobre todo, sus grandes actuaciones siendo el capitán de la Quinta División, catapultaron a Gamarra a formar parte del plantel de Primera. El sueño de todo jugador estaba ahí, al alcance de la mano.

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Pero claro, el destino a veces tiene guardadas sorpresas lindas y también de las otras, ésas que parecen derrumbar todo de un soplido, como un castillo de naipes que se construye con dedicación y esfuerzo y se desmorona en un abrir y cerrar de ojos. En junio de 2015, los estudios médicos de rutina en la previa del comienzo de la pretemporada le detectaron una anomalía en su corazón, algo "raro" que merecía, al menos, la cautela necesaria.

"Me enteré mediante un estudio que nos hicieron cuando empezamos la pretemporada con Primera. Me dijeron que podía tener una posible miocardiopatía hipertrófica y por las dudas no me dejaron entrenar hasta que sepan bien lo que tenia, eso necesitaba un proceso de 6 meses sin entrenar. Ahí fue cuando empezó todo", relata el joven en diálogo con minutouno.com.

Pasado ese tiempo se confirmó lo peor y Gamarra arrancó 2016 con la certeza menos deseada: el diagnóstico "miocardiopatía hipertrófica" le imposibilitaría seguir con su carrera como futbolista, ya que, en caso de que jugadores de alta competencia que sufran esta patología no detengan su entrenamiento, se corre el riesgo de sufrir una muerte súbita.

Vélez le abrió a Gamarra una nueva puerta: Marcelo Bravo

El juvenil, lógicamente, tomó esta noticia con resignación y sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que jamás había experimentado ningún síntoma: "Nunca sentí ningún malestar y creo que eso es aún peor, porque te dan muchas más ganas de seguir jugando y se complica mucho más a la hora de entender todo", cuenta.

Lo cierto es que, dentro de esa frustración, el defensor sintió más que nunca que estaba en el lugar indicado. La institución de Liniers no sólo no le cerró las puertas, sino que además le propuso sumarse al cuerpo técnico del fútbol infantil y le dio una beca en el Instituto Dalmacio Vélez Sarsfield para terminar el secundario. Hoy en día trabaja con las categorías 2007/2008 y también con la 2010/2011, algo que le sirve y mucho para despejar su mente y mantenerse activo.

MARCELO BRAVO RETIRO
Pero además de la contención tanto emocional como económica, Vélez le abrió a Gamarra una nueva puerta, con nombre y apellido: Marcelo Bravo. El ex jugador sufrió exactamente la misma patología hace ya 11 años y, luego de brillar en el primer equipo campeón en 2005 de la mano de Russo, también tuvo que abandonar el fútbol.

"Con Marce hablé ni bien se cerró lo mío, que ya no podía jugar más, él me llamo y la verdad que lo escuché mucho, cada palabra, cada consejo, porque él ya paso por lo que pasé y capaz tenía algo que me servía en ese momento para intentar levantar el animo", detalló el joven de Grand Bourg.

Hoy en día, Gamarra combina sus actividades en Vélez con "lo que no hacía cuando jugaba en el club", es decir, disfrutar el tiempo con amigos y familia. "Juego al fútbol pero para divertirme, juego más que nada con mi papá, mi hermano, tíos o primos", aclara.

Si bien es cierto que sus aspiraciones a futuro cambiaron (lógicamente) en el último año, hoy el joven persigue otros objetivos, aunque siempre con Vélez como horizonte: "De acá a unos años si hago las cosas bien me veo con una categoría propia dentro del club intentando transmitir lo que sé, las experiencias de vida, ayudando a los nenes".

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Con la humildad y la simpleza que lo caracterizan, el defensor también intenta darle un mensaje a aquellos jóvenes que puedan llegar a sufrir la misma patología. "Si le pasa a otra persona le diría que no baje los brazos, que la vida sigue, que ante cualquier adversidad siempre hay que ir al frente, que cada uno dice hasta donde se puede llegar y que puede hacer y qué no", concluye.

Un mensaje claro que lo pinta tal como es. Gonzalo Gamarra no será ese jugador de fútbol que siempre soñó, aunque seguramente todo esto lo terminará de definir como esa persona que se repuso de una caída para levantarse doblemente fuerte. Y su historia, pese a los "villanos" de turno vestidos de médicos que le robaron la ilusión, podrá tener un final feliz.